martes, 11 de abril de 2017

La extraña vida de Iván Osokin

En la casa del mago

Iván Osokin va a la casa de un mago a quien ha conocido desde hace algún tiempo. Él es un buen mago, y siempre tiene excelente brandy y cigarros.

Osokin y el mago se sientan al fuego.
Un cuarto espacioso, ricamente decorado en cierta forma a la manera oriental. El piso está cubierto con preciosas y viejas alfombras persas, chinas, y de Bokhara. Las altas ventanas tienen cortinas con antiguos brocados de bellos dibujos. Mesas y sillas de ébano tallado. Figuras de bronce de dioses indios. Libros indios con hojas de palma.

En un nicho una figura sentada, graciosa y casi viviente de Kwan-Yin. Un gran globo celeste sobre una mesita lacada de rojo. Sobre una pequeña mesita de marfil labrada cerca de la silla del mago, está un reloj de arena. En la parte posterior de la silla, está sentado un negro gato siberiano, viendo el fuego.

El mago mismo, un anciano encorvado con una aguda y penetrante mirada, está todo vestido de negro, y usa un pequeño cucurucho sobre su cabeza. Sostiene en su mano una delgada varita persa incrustada con turquesas.

Osokin está sombrío. Fuma un cigarro y no dice nada.

En el momento en que está particularmente sumido en sus pensamientos, el mago habla.
"Mi querido amigo, tú lo sabías desde antes".

Osokin se reanima y lo mira.

"¿Cómo sabe usted lo que estoy pensando?"

"Yo siempre sé lo que estás pensando".

Osokin inclina la cabeza.

"Sí, yo sé que ahora no puede remediarse", dice. "Pero si únicamente pudiera retroceder unos cuantos años de este miserable tiempo, que ni siquiera existe, según usted mismo dice siempre. Si únicamente pudiera tener de nuevo las oportunidades que la vida me ofreció y que rechacé.

Si únicamente pudiera hacer las cosas en una forma diferente..."

El anciano continúa sentado observándolo, meneando la cabeza, se voltea y observa el correr de la arena.

"Todo puede hacerse retroceder", dice. "Pero sin embargo, de nada servirá".

Osokin, sin escuchar y completamente sumergido en sus propios pensamientos, continúa: "Si únicamente hubiera sabido a donde iba a parar. Pero creía tanto en mí mismo, creía en mi propia fortaleza. Quería seguir mi propio camino. No tenía miedo de nada. Desprecié todo lo que la gente valora y nunca miré atrás. Pero ahora daría la
mitad de mi vida por regresar y ser como las otras personas".

Se levanta y camina de un lado a otro del cuarto.

El anciano continúa observándolo, meneando la cabeza y sonriendo. Hay en su mirada alegría e ironía -no una ironía sin benevolencia, sino llena de compasión y de piedad, como si le hubiera gustado ayudarle y no pudiese.

"Siempre me he reído de todo", continúa Osokin, "y aún he gozado en romper mi vida. Me sentía más fuerte que otras personas. Nada me podía doblegar, nada podía hacerme sentir derrotado. No estoy derrotado. Pero no puedo luchar más. Estoy metido en una especie de fango. No puedo hacer un solo movimiento. ¿Me entiende usted? Tengo que permanecer inmóvil y ver cómo me consumo".

El anciano se sienta y lo mira.

"¿Cómo has llegado a esto?" dice.

"¿Cómo? Usted sabe tanto sobre mí, que esto debe saberlo muy bien. Fui arrojado a la ventura cuando me expulsaron de la escuela. Eso solo cambió toda mi vida. En razón de eso perdí el contacto con todo. Por ejemplo, con mis condiscípulos: algunos todavía están en la universidad: otros se han graduado, pero cada uno de ellos tiene sus pies sobre la tierra. He vivido diez veces más que lo que ellos han vivido, sé más, he leído y visto cien veces más que ellos, y sin embargo, soy un hombre a quién la gente trata con condolencia".


"¿Y eso es todo?" pregunta el anciano.

"Sí, todo- aunque no completamente. Tuve otras oportunidades, pero una después de otra las dejé pasar. La primera fue la más importante. Qué terrible es que casi sin entenderlo o sin intención, cuando aún somos jóvenes, para enterarnos de qué resultado puedan tener, hacemos cosas que afectan nuestra vida entera y cambian todo nuestro futuro. Lo que hice en la escuela fue realmente una broma: estaba aburrido. Si hubiera sabido y comprendido a donde me llevaría, ¿cree usted que lo hubiera hecho?"

El anciano mueve su cabeza asintiendo.

"Sí, lo habrías hecho", dice.

"¡Nunca!"

El anciano ríe.
Osokin continúa caminado de un lado a otro del cuarto, luego se detiene y habla de nuevo.

"Y después, ¿por qué reñí con mi tío? El viejo estaba muy bien dispuesto hacia mí, pero fue como si lo provocara a propósito al desaparecer por días enteros en los bosques con la muchacha, su pupila. Es cierto, Tenechka era extraordinariamente dulce, y yo sólo tenía dieciséis años y nuestros besos tan bellos. Pero el viejo se ofendió mortalmente cuando nos sorprendió besándonos en el comedor.

¡Qué tonto era todo eso! Si hubiera sabido las consecuencias, ¿cree usted que no me hubiera detenido?"

El mago rió de nuevo. "Lo sabías", dice.

Osokin se queda sonriendo como si estuviera viendo y recordando algo muy lejano.

"Puede ser que lo haya sabido", dice. "Únicamente que me parecía entonces tan excitante. Pero por supuesto no debía haberlo hecho, y si hubiera sabido claramente lo que ocurriría, con toda seguridad me hubiera alejado de Tenechka".

"Lo sabías muy bien", dice el anciano. "Piensa y lo verás".

"Por supuesto que no", dice Osokin. "La dificultad mayor consiste en que nunca sabemos en verdad lo que va a venir. Si supiéramos definitivamente lo que resultaría de nuestras acciones ¿cree usted que haríamos lo que hacemos?"

"Tú siempre sabes", dice el anciano viendo a Osokin.

"Un hombre puede no saber lo que resultará como consecuencia de las acciones de otras personas o como resultado de causas desconocidas pero él siempre sabe todos los resultados de sus propias acciones".

Osokin se pierde en sus pensamientos y una sombra cruza su rostro.

"Puede ser", dice, "que algunas veces haya barruntado los acontecimientos. Pero uno no puede tomar esto como una ley...Y además siempre me acerqué a la vida de una manera muy diferente a como lo hacen otras personas".

El mago sonríe. "Aún no me he encontrado a un hombre", dice, "que no esté convencido que se acerca a la vida en una forma muy diferente a como lo hacen otras personas".

P.D.Ouspensky