viernes, 22 de septiembre de 2017

Los diálogos de Chuang Tse

Y por lo que se refiere a la distinción que más atormenta a los hombres, la de la vida y la muerte... ¿no es el amor a la vida una ilusión? ¿No es el temor a la muerte un error? Ese partir,¿es realmente una desgracia?¿No conduce, como el de la prometida que abandona la casa paterna, a una felicidad distinta?

En tiempos pasados, cuando la bella Ki fue prendida por el rey de Shin, lloraba tanto que le quedaba mojado el vestido. Pero luego, cuando vio que se convertía en la favorita del rey [y compartía con él cama y mesa], se dio cuenta de que se había equivocado al llorar. ¿No ocurre lo mismo con muchos muertos? Después de partir con pesar, ¿no pensarán ahora lo errados que estaban cuando les gustaba tanto la vida?.

¿No será la vida un sueño? Algunos, sacados de un sueño alegre por el despertar, se entristecen; otros, liberados de un sueño triste por el despertar, se alegran.

Unos y otros, mientras soñaban, creían en la realidad de su sueño. Tras el despertar, se han dicho: "No era más que un vano sueño".

Lo mismo ocurre con el despertar mayor, la muerte, tras el cual se dice de la vida: "No era más que un largo sueño". Pero entre los vivos, muy pocos comprenden esto. Casi todos creen estar bien despiertos. Se creen realmente reyes unos, criados los otros.

Todos estamos soñando, tu y yo. Yo, que te digo que estás soñando, también estoy soñando mi sueño.

Que la vida y la muerte son idénticas parece increíble a la mayoría. ¿Será posible que alguna vez se les persuada de ello? Es improbable, porque en esta materia no hay demostración evidente, no hay autoridad que reconozcan, y hay una multitud de sentimientos subjetivos. Sólo la Regla del Cielo resolverá esta cuestión.

¿Y qué es esa Regla del Cielo? Es, a la hora de juzgar, situarse en lo Infinito... Es imposible resolver el conflicto entre cosas contradictorias, decidir cuál es verdad y cuál falsa.

Situémonos fuera del tiempo, fuera de los razonamientos. Enfoquemos la cuestión desde el Infinito, desde cuya distancia todo se funde en un todo indeterminado.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Visión

Cuando llegó la Noche y el Sueño desplegó su manto sobre la faz de la Tierra, abandoné mi lecho y caminé hacia el mar diciendo:"El mar nunca duerme, y en su vigilia hay consuelo para el alma despierta".
Cuando llegué a la playa, la bruma de las montañas había cubierto la región como un velo que adorna el rostro de una joven.. Miré las múltiples olas y escuché la plegaria de Dios; medité entonces sobre el poder inmenso que ellas encierran, ese poder que se despliega con la tempestad, crece con el volcán, sonríe a través de los labios de las rosas y canta con los arroyos.
Entonces, sentados en una roca, vi tres espectros. Avancé dando tumbos,como si algún poder me empujara contra mi voluntad.
Me detuve a pocos pasos de ellos, como dominado aún por una fuerza mágica. Uno de los espectros se levantó en ese momento y, con una voz que parecía surgir del fondo del mar, dijo:
- La vida sin Amor es como un árbol sin flores ni frutos. Y el Amor sin Belleza es como una flor sin perfume o un fruto sin semilla... La Vida, el Amor y la Belleza son tres personas en una, que no pueden separarse ni cambiar.
Un segundo espectro, con voz rugiente como agua torrentosa, dijo:
-La Vida sin Rebelión es como las estaciones sin primavera. Y la Rebelión sin Justicia es como la primavera en un desierto árido... Vida, Rebelión y Justicia son una sola y no pueden cambiarse ni separarse.
El tercer espectro habló entonces con voz sonora como el resonar del trueno:
- La Vida sin Libertad es como un cuerpo sin alma, y la Libertad sin Reflexionar es como un espíritu confuso...
Vida , Libertad y Reflexión son una sola cosa y eterna y no pasan.
Luego los tres espectros se levantaron y con voz tremenda dijeron:

Lo que engendra el Amor
Lo que crea la Rebelión,
Lo que exalta la Libertad
Son tres manifestaciones de Dios
Y Dios es la expresión
De la inteligencia del Universo.


El susurro de alas invisibles y el temblor de cuerpos etéreos se mezcló entonces con el Silencio que prevaleció y se enseñoreó.
Cerré mis ojos y escuché el eco de lo que acababa de oír; cuando volví a abrirlos sólo vi el mar envuelto en niebla. Me acerqué a la roca en la que se habían sentado los tres espectros y encontré solamente un hilo de humo de incienso que trepaba hacia el cielo.

Khalil Gibran, Pensamientos y meditaciones.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Religión e Iglesia

El ideal humanista no me merece más respeto que el religioso, y entre las religiones no daría a ninguna la preferencia. Por eso no podría pertenecer a una iglesia, porque falta en ellas la libertad y altura de espíritu, porque cada una se tiene por la mejor y única, y al que no pertenece a ella le considera descarriado.
El camino a las iglesias es fácil de encontrar; las puertas están abiertas de par en par, y tampoco falta propaganda.


Desde el momento en que el hombre intenta realizarse utilizando como medio los dones que le ha dado la naturaleza, hace lo máximo y lo único sensato que puede hacer.


No debes añorar una doctrina perfecta, sino la perfección de ti mismo. La divinidad está en ti, no en conceptos y en libros.


Ser piadoso no es otra cosa que confiar. Confianza tiene el hombre sencillo, sano, inofensivo: el niño, el salvaje.


Quien se dice no a sí mismo no puede decir sí a Dios.


Cabría comparar a Jesús a cualquier hombre que, rozado por una de las verdades mágicas, deja de separar pensamiento y vida, quedando así en medio de lo que le rodea y convirtiéndose en enemigo de todos.


Exigimos que la vida tenga sentido, pero tiene exactamente el sentido que nosotros somos capaces de darle. Como el individuo no es capaz de hacerlo sino de modo imperfecto, se ha intentado encontrar una respuesta consoladora en las religiones y en las filosofías.
Todas las respuestas conducen a lo mismo: la vida adquiere su sentido sólo a través del amor. Es decir: cuanto más capaces somos de amar y de entregarnos, tanto más sentido adquiere nuestra vida.


Si las Iglesias y los sacerdotes de Cristo fueran como él mismo, sobrarían los poetas.

Hermann Hesse, Lecturas para minutos.