No es fácil hablar del recuerdo de sí porque, en su expresión más elevada, no es un proceso verbal. El
recuerdo de sí es una idea que, en realidad, no había salido a la luz con su propio nombre sino hasta el
siglo veinte.
Todos nos hemos recordado a nosotros mismos antes de encontrar el sistema, pero no sabíamos cómo
llamarlo y, lo que es más importante, no lo valorábamos. Cuando uno está recordándose a sí mismo
está creando su sí mismo, es decir, su cuerpo astral. Nuestras vidas se componen de muchos momentos
normales y corrientes, así como de muchos milagros normales y corrientes. Gran parte del recuerdo de sí
consiste en reconocer lo sublime en lo común. Debemos acordarnos de apreciar la naturaleza simple y
discreta del recuerdo de sí. Es lo opuesto de la vida, que clama por nuestra atención indivisa.
Ouspensky decía que solos no podemos conocer nuestra situación, que alguien debe enseñarnos. Alguien
debe ayudarnos a comprender que el significado oculto de la vida sobre la Tierra es crear un alma a través
del infatigable proceso del recuerdo de sí. También decía que debemos darnos cuenta de que hemos
descubierto el punto débil en las paredes de nuestra mecanicidad, el «talón de Aquiles» de la
máquina. La idea principal del sistema es el recuerdo de sí, una idea completamente ignorada por la
psicología occidental. Dentro de la cultura occidental, tan sólo en la literatura podemos encontrar
el concepto de penetrar el presente.
Una de las mejores formas de trabajar con el recuerdo de sí es eliminar todo lo que no sea recuerdo de
sí. Paradójicamente, hay que recordarse a sí mismo para lograrlo. Tampoco debemos buscar una sola
definición del recuerdo de sí, porque es muchas cosas. El recuerdo de sí ha tenido muchos nombres
bellos a través de los siglos. William Shakespeare dijo: «La rosa, con cualquier otro nombre, tendría el
mismo aroma». A lo largo de la historia han existido muchos hombres inmortales que no conocieron la
expresión «recuerdo de sí». Nos hemos involucrado en algo agradable y desagradable a la vez. Separarnos
de estas dos experiencias y no entregarnos a ellas nos da la vida. El recuerdo de sí es la única actividad
en la Tierra que no es biológica.
No podemos comprender el recuerdo de sí en media hora, ni podemos describir en un día lo que trae
consigo. El recuerdo de sí es el gran misterio de la vida orgánica sobre la Tierra; no podemos esperar que la sabiduría objetiva, oculta durante siglos, sea fácilmente comprensible.
El recuerdo de sí es una labor de dieciocho horas al día. Debemos trabajar con un obstáculo en cada
hora: si no es con la no-existencia o con el poder, será con la imaginación, con la consideración interna o
con la identificación. Nada sustituye el recuerdo de sí, y esto es una noticia difícil, pero también buena.
El centro intelectual comparte sus experiencias hablando de ellas, porque el lenguaje es su único medio
de comunicación. Y así, debemos usar palabras para penetrar un estado divino sin palabras. Ouspensky
nos advierte que el recuerdo de sí no es una actividad mental y que el conocimiento no puede sustituir el recuerdo de sí. La función correcta del centro intelectual es describir y clasificar los fenómenos;
aunque las descripciones que hacemos de los objetos no son los objetos en sí mismos. Cuando esta actividad
obstaculiza el recuerdo de sí, es trabajo incorrecto.(...) Harriet Beecher Stowe aconsejaba a la
gente detener el pensamiento y contentarse con ser, en verdad, percibir las impresiones que nos rodean
puede ser ya bastante milagroso.
La mente formatoria trata de reducir un tema a una definición absoluta. Desea definir el recuerdo de
sí como si los centros superiores fueran una experiencia limitada. Pero el recuerdo de sí comprende
muchos aspectos. Saborea el vino, mira las flores, escucha la música. Resulta extraño que esté siempre
muy cerca, aunque tome muchas formas variadas. Es la consideración externa, la no identificación, la
no expresión de emociones negativas, el sufrimiento voluntario y, sobre todo, la transformación del
sufrimiento. Cada una de estas experiencias es un matiz del recuerdo de sí. El sí mismo también puede
ser evocado en momentos de peligro o en medio de una gran belleza.
Una forma de descubrir el recuerdo de sí es descubrir lo que no lo es. Mediante un proceso similar
puedes verificar tu rasgo principal, tipo de cuerpo o centro de gravedad. Si eliminas algunas de las
variantes, te quedarán menos por examinar.
Ornar Khayyam dijo: «Una cosa es cierta...; el resto, mentira». El recuerdo de sí es la verdad eterna
que, con habilidad, afronta la mentira eterna. Ouspensky observó que estamos acostumbrados a la
irrealidad. Gurdjieff tituló su último libro La vida es real sólo cuando «yo soy». Tanto para él
como para nosotros, esto quiere decir que la vida es real sólo cuando uno se recuerda a sí mismo.
El recuerdo de sí carece de impulso; hay que hacer esfuerzos momento a momento. Cuando aparezca el
tercer estado, experiméntalo en lugar de, simplemente, hablar de él. Es el sí mismo que hay en ti, tu
alma: la «Canción sin palabras» de Mendelssohn.
No puedes escapar hablando, ni escapar comiendo, ni riendo, ni llorando, pero sí puedes escapar
recordándote. Recuérdate a ti mismo un poco cada vez.
Si estás recordándote a ti mismo y los demás no lo notan, estás recordándote bien. Si la falsa
personalidad actúa como si estuvieras recordándote a ti mismo, estás rebajándote.
Generalmente, la naturaleza humana no ve lo evidente; por eso muchas veces las verdades esotéricas
se han presentado como cuentos de hadas. Con frecuencia, los cuentos de hadas empiezan con la frase
«había una vez», para indicar que la historia se desenvuelve en el tiempo; y finalizan con el príncipe y la
princesa (mundo 6 y mundo 12) que viven «felices para siempre», es decir, en la eternidad: la
inmortalidad. El desarrollo del nivel de ser es proporcional a la madurez del rey de corazones. El
recuerdo de sí debe originarse en el rey de corazones, porque no podemos confiar en los accidentes para
crear consciencia. Cada uno de nosotros necesita toda la ayuda que pueda recibir, ya sea de sus propios
esfuerzos, ya sea de la ley de accidente o de la Influencia C.
Dante Alighieri decía que podemos avivar la chispa divina que se nos ha dado hasta convertirla en una
llama. El método es el recuerdo de sí; sin embargo, no hay nada más evasivo que el recuerdo de sí, y
debemos, a nuestra endeble manera, regresar a él cuando podamos. Un estado neutral no es una
condición vegetativa sino un estado de desapego que repele la imaginación: es un estado de recuerdo de sí.
Los momentos que recordamos con mayor viveza son los momentos de recuerdo de sí. Aun así, el recuerdo
de sí tiene grados: cuando viajas por el extranjero, puedes estar presente a cientos de árboles, sin
recordar la mayoría de ellos. Donde hay memoria, donde hay atención dividida, está el sí mismo que hay
en ti.
Richard Earl Burton