domingo, 26 de agosto de 2018

Página 16

Un día un hombre encontró el capullo de una mariposa. Lo llevó a casa para que pudiera observarlo cuando saliera la mariposa. Poco después, un día, apareció una pequeña abertura. Se sentó y observaba la mariposa durante varias horas mientras la mariposa se esforzaba para hacer salir su cuerpo a través de ese pequeño agujero. Entonces, parecía que su progreso había sido detenido. Parecía que había salido tanto como iba a ser capaz de salir por sus propias fuerzas y no podía más. Parecía haberse atascado.

De modo que el hombre, por su propia bondad y amabilidad cogió unas tijeras y cortó el trozo que le quedaba al capullo. En ese momento la mariposa salió sin esfuerzos y con facilidad. Pero tenía el cuerpo hinchado, y las alas pequeñas y marchitas.

El hombre seguía observando la mariposa porque esperaba que en cualquier momento las alas se aumentaran y se extendieran para ser capaces de apoyar el cuerpo entero de la mariposa que, con el tiempo, se encogería. Ninguna de estas cosas sucedieron.

De hecho, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo hinchado y con las alas encogidas. Nunca fue capaz de volar. Lo que no entendía el hombre, con toda su amabilidad, fue que el restringido capullo y los esfuerzos requeridos para pasar por la pequeña abertura eran la manera de obligar a que el fluido saliera del cuerpo de la mariposa y que entrara en sus alas para que estuviera preparada para volar una vez que hubiera conseguido su libertad del capullo. La libertad y el vuelo sólo podrían venir después de los esfuerzos. Quitándole a la mariposa sus esfuerzos le quitaron sus posibilidades de sobrevivir en una nueva dimensión de la vida


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En pocas palabras estamos aquí para convertir sustancia desde lo que no existe a lo que sí existe, mediante el estado de despertar. Somos procesadores, máquinas, realizadores, en el sentido del verbo "realizar", o sea, concretizar, dar vida, dar existencia.

Esas cosas de tu vida, las que recuerdas de tal manera que el recuerdo es casi igual que la cosa misma; esos son los momentos de la vida que realmente tienes. Esos son los momentos de auténtica "presencia", de una conexión hecha entre los tres centros, de la auténtica íntima recordación de sí mismo. En la mayoría de nosotros, estas experiencias son bastante infrecuentes tanto como accidentales, es decir, basadas en choques recibidos desde fuera. Hacemos lo mejor posible y convertimos lo que podemos durante nuestra travesía por esta vida.

Imagínate que alguien te llama por teléfono y te pide que salgas para hacer una tarea, cualquier tarea. Digamos que estás en casa pasando un domingo de un fin de semana de invierno delante de la candela leyéndote un libro y, por cierto, hace mucho frío en la calle. Sucede que el coche de tu amigo está averiado delante de su casa en la nieve, y él necesita que tú vayas para echarle una mano reparándolo. De modo que, partes para allá para hacerlo. Lleva horas desmontar un montaje del motor, arreglarlo, y después, volver a montarlo. Tus manos están super-congeladas. Cuando llegas a casa casi de noche estás hambriento y agobiado y, al día siguiente averiguas que tu amigo ni siquiera usaba el coche aquel día y además, cuando su mujer lo usaba esa misma mañana, se averió de nuevo a dos manzanas de su casa.

Sin embargo, si tú hicieras tu trabajo con presencia y atención, cada minuto serviría para algo porque es todo permanente. Durante el tiempo que trabajabas, estabas "permanentizando", convirtiendo en realidad la potencialidad, solidificando. Estabas en tu trabajo--convirtiendo--en ese espacio. El resultado, fuera lo que fuera, no era tan importante como el hacer. Y la única cosa que estás , para que no se te olvide, es invocar tu presencia y ejercitar tu atención. Reparando el coche, no es lo que estás , Es simplemente una tarea lo que te da la estructura, el armazón en que colocar tu atención y presencia. De modo que, si haces tu trabajo con presencia y atención, cada minuto servirá para algo porque es todo permanente.

Aquellas cosas que ya hemos convertido son convertidas permanentemente. Así que principalmente, nuestra tarea es convertir lo que no existe en sustancia útil que sí existe. ¿ Y, para que sirve esta substancia? Bueno, digamos que sirve como una forma de comida en otro sitio más allá de este pequeño sector humano del laberinto. A veces se llama "papa majestuosa". O podemos simplemente decir, "Papa nuestro que está en el cielo...", da absolutamente igual.

La eternidad es el enorme desierto allá fuera que cruzamos, y seguramente no quieres acabar deshidratado y sufriendo de la desnutrición y de haber estado a la intemperie; así que cuando hagas la travesía, sería mejor que llevaras contigo unos suministros. Tienes la oportunidad para juntar estos suministros aquí en la vida. Pero para hacerlo, tienes que "hacer" algo. No se juntan por sí solos.

Cuando utilizamos la palabra "hacer" en relación al Trabajo, la única manera posible en que podríamos usarla y que tuviera sentido, es en describir una actividad que supone la presencia y la atención, porque cualquier otra forma de "hacer" simplemente no existe. Todo lo demás es simplemente "ocurrir". Incluso si pensaras en algo durante veinticuatro horas al día, durante dos semanas y entonces "decidiste" o "elegiste" seguir una cierta linea de acción en tu vida, esto no sería "hacer".

Y la razón por la cual este sigue siendo un vago y malinterpretado término del cuarto camino es que los humanos interpretan el "hacer" como algo relacionado con la identidad orgánica y el entorno. En realidad estas son actividades de la máquina.

Si lo hicieras sin el estado de despertar, es decir, sin la presencia y la atención, entonces realmente no existe en el mundo real y no sobrevive, no ha sido realizado en absoluto, y es, por lo tanto, desperdiciado. Sin embargo, esto no significa que las cosas hechas en el estado de sueño no tengan valor; es sólo que no han sido concretizados y así, no tienen valor inmediato. Pero, de todos modos, tú no te rindes. Que sigues adelante, porque no quieres obsesionarte, dramatizando tu fracaso de "hacer" en el estado de despertar. Si lo haces, entonces perderás el trabajo que está teniendo lugar en este mismo momento mientras estás leyendo esto. Es decir, estarás apropiado en el sentido de hace-dos-días-apropiado. Esto pasa más de lo que creemos. Recuerda ese refrán Sufí de hace mil años: "No llores por la leche ya derramada".

Así que, como un viajero eterno, como un fragmento del Absoluto, lo que llamamos el yo esencial, sólo hay dos cosas que hacer. Atención y presencia. Todo lo demás son sombras, sombras y más sombras. Puedes invocar tu presencia al presente y puedes ejercitar tu atención. Con estas cosas, de una manera u otra, tarde o temprano, vas a entrar en el estado de despertar. Una tarea del yo esencial es cualquier tarea que hagas con presencia y atención. Lo haces para tu yo esencial, y no de la amabilidad de tu corazón, ni de la moralidad, ni para hacer que alguien se sienta bien, ni para mejorarte de alguna forma.

No puedes hacer algo *para* tu yo esencial que no sea hecho *por* tu yo esencial. Sólo tu yo esencial puede hacer algo para tu yo esencial, y tú, como el yo esencial, sólo puedes hacer dos cosas. El tema es lo siguiente: hasta que creas, que aceptes, que te des cuenta absolutamente de que estas son las únicas dos cosas que hacen falta que el yo esencial sea capaz de llevar a cabo, no lo harás. Al menos, no de una forma fiable.

Literalmente, no se te da la vida, tu vida no es tuya, y de cualquier forma no la tienes ahora. La única vida que tienes es la que pasas en el estado de despertar. Estos momentos o horas inmortalizados sobrevivirán la muerte. Nada más la sobrevivirán.

El propósito práctico de todo esto se forma en dos pequeñísimas preguntas:

Si tú no lo haces, ¿quién lo hará? Si ahora no, entonces ¿cuándo



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