Aparte del simbolismo alquímico, cuyo sentido es ya muy transparente, descubrimos otro elemento escondido, el del grado elevado que poseía, en la jerarquía iniciática, el hombre al que debemos los motivos de esta arquitectura jeroglífica. Está fuera de duda que Louis d'Estissac había conquistado el título por excelencia de la nobleza hermética. La
rosa central, en efecto, aparece en mitad de una cruz de san Andrés formada por el alzamiento de los filetes de piedra que podemos suponer que, al principio, la recubrían y la encerraban. Ahí está el gran símbolo de la luz manifestada que se indica por la letra griega X (ji),inicial de las palabras (en griego) crisol, oro y tiempo, triple incógnita de la Gran Obra. La cruz de san Andrés, que tiene la forma de nuestra X, es el jeroglífico, reducido a su más simple expresión, de las radiaciones luminosas y divergentes emanadas de un haz único. Aparece, pues, como la gráfica de la chispa.Puede multiplicarse su irradiación, pero es imposible simplificarlo más. Estas líneas entrecruzadas dan el esquema del centelleo de las estrellas y de la dispersión radiante de todo cuanto brilla, alumbra e irradia. También de ellas se ha hecho el sello, la marca de la
iluminación y, por extensión, de la revelación espiritual. El Espíritu Santo es siempre figurado por una paloma en pleno vuelo, con las alas extendidas según un eje perpendicular al del cuerpo,es decir, una cruz. Pues la cruz griega y la de san Andrés tienen, en hermética, un significado exactamente parecido.Se encuentra con frecuencia la imagen de la paloma completada por una gloria que viene a precisar su sentido oculto, como puede verse en las escenas religiosas de nuestros primitivos en muchas esculturas puramente alquímicas.
La X griega y nuestra X representan la escritura de la luz por la luz misma, la señal de su paso, la manifestación de su movimiento y la afirmación de su realidad. Es su verdadera firma. Hasta el siglo XII, no se utilizaba otra marca para autentificar los viejos documentos; a partir del XV, la cruz se convirtió en la firma de los iletrados. En Roma, se señalaban los días fastos con una cruz blanca y los nefastos, con una cruz negra. Es el número completo de la Obra, pues la unidad, las dos naturalezas, los tres principios y los cuatro elementos dan la doble quintaesencia, las dos V fundidas en la cifra romana X del número diez. En esta cifra se encuentra la base de la cábala de Pitágoras o de la lengua universal, de la que puede verse un curioso paradigma en la última página de un librito de alquimia ( La Clavícule de la Science Herméique, écrite par un habitant du Nord dans ses heures de loisir, , 1732. Amsterdam, Pierre Mortier, 1751). Los gitanos utilizan la cruz o la X como signo de reconocimiento. Guiados por esta gráfica trazada en un árbol o en cualquier pared, acampan siempre en el lugar que ocupaban sus predecesores, junto al símbolo sagrado que llaman Patria.
Podría considerarse el origen latino de esta palabra, y aplicar a los nómadas esta máxima que los gatos -vivos objetos de arte - se esfuerzan en practicar: Patria est ubiquem est bene, en cualquier parte donde se está bien, allí está la patria; pero en realidad deriva de una palabra griega, de quien reclama su emblema, con el sentido de familia, raza, tribu. La cruz de los gitanos indica, pues, claramente, el lugar de refugio señalado a la tribu. Es singular, por otra parte, que casi todos los significados revelados por el signo X tengan un valor trascendente o misterioso. X es, en álgebra, la o las cantidades incógnitas, es también el problema por resolver,la solución por descubrir y es el signo pitagórico de la multiplicación
y el elemento de la prueba aritmética del nueve. Es el símbolo popular de las ciencias matemáticas en lo que tienen de superior o abstracto. Viene a caracterizar lo que, en general, es excelente, útil y notable En este sentido, y en la jerga de los estudiantes, sirve para distinguir la parisiense Escuela politécnica, asegurándole una superioridad sobre la que no admitirían la menor discusión "taupins y chers camarades". Los primeros, candidatos a la Escuela, se unen en cada promoción o taupe por una fórmula cabalística compuesta por una X en los ángulos opuestos de la cual figuran los símbolos químicos del azufre y del hidrato de potasio:
S X KOH
Lo cual se anuncia, en una jerga bien interpretada, como "azufre y potasio por X". La X es el emblema de la medida tomado en todas sus acepciones: dimensión, extensión, espacio, duración, regla, ley, extremo o límite. Tal es la razón oculta por la cual el prototipo internacional del metro, construido en platino iridiado y conservado en el pabellón de Breteuil, en Sèvres, afecta el perfil de la X en su sección transversal.
Todos los cuerpos de la Naturaleza y todos los seres, ya sean en su estructura o en su aspecto, obedecen a esta ley fundamental de la radiación y todos están sometidos a esta
medida. El canon de los gnósticos constituye su aplicación al cuerpo humano (Leonardo de Vinci lo recuperó y lo enseñó transportándolo del dominio místico al de la morfología estética), y Jesucristo, el espíritu encarnado, san Andrés y san Pedro personifican su gloriosa y dolorosa imagen.¿Acaso no hemos observado que los órganos aéreos de los vegetales -ya se trate de árboles altivos o de hierbas minúsculas- presentan con sus raíces la divergencia característica de los brazos de la X? ¿Cómo se abren las flores?Seccionad los tallos vegetales, peciolos, nerviaciones, etc., examinad esos cortes al microscopio y tendréis,
de visu,la más brillante y maravillosa confirmación de esta voluntad divina. Diatomeas, erizos y estrellas de mar os proporcionarán otros ejemplos, pero sin buscar más, abrid un marísco comestible -bucarda, pectinero, vieira- y las dos valvas, que encajan en un único plano, os mostrarán dos superficies convexas provistas de estrías en forma de abanico doble de la X misteriosa. Los bigotes del gato son los responsables de su nombre, ya no se duda casi de que disimulan un elevado punto de ciencia, y que esta razón secreta valió al gracioso felino el honor de ser elevado al rango de las divinidades egipcias. A propósito del gato, muchos de nosotros nos acordamos del famoso Chat-Noir que tan en boga estuvo bajo la tutela de Rodolphe Salis, pero pocos saben el centro esotérico y politico que se disimulaba, y la masoneria internacional que se escondía tras la enseña del cabáret artístico. Por un lado, el talento de una juventud fervorosa, idealista, constituida por estetas en busca de gloria, despreocupada, ciega, incapaz de sospechar; por otro lado, las confidencias de una ciencia misteriosa mezcladas con la oscura diplomacia, cuadro de doble cara expuesto a propósito en un marco medieval. El enigmático torneo de los grandes duques, cuyo signo distintivo era un gato de ojos escrutadores durante su correría nocturna, con los bigotes en X, rígidos y desmedidos, y cuya pose heráldica confería a las alas del molino montmartrense un valor simbólico idéntico al suyo, no era un festín de príncipes. Los rayos de Zeus, que hacen temblar el Olimpo y siembran el terror entre la Humanidad mitológica,ya sea porque el dios los tenga en la mano o los pise, o bien porque surjan de las garras del águila, toman la forma gráfica de la radiación. Es la traducción del fuego celeste o del fuego terrestre, del fuego potencial o virtual que compone o disgrega, engendra o mata, vivifica o desorganiza. Hijo del Sol que lo genera, servidor del hombre que lo libera y lo mantiene, el fuego divino, caído, decadente, aprisionado en la materia, determina su evolución y dirige su redención, es Jesús en su cruz, imagen de la irradiación ígnea, luminosa y espiritual encarnada en todas las cosas. Es el
Agnus inmolado desde el comienzo del mundo, y es, también, el Agni, dios védico del fuego, pero si el Cordero de Dios lleva la cruz sobre su oriflama como Jesús sobre su espalda, si la sostiene con la pata, es porque tiene el signo incrustado en la misma pata: imagen en el exterior, realidad en el interior. Quienes reciben así el espíritu celeste del fuego sagrado, que lo llevan en sí y que son marcados por su signo, nada tienen que temer del fuego elemental. Estos elegidos, discípulos de Elías e hijos de Helios, modernos cruzados que tienen por guía el astro de sus antepasados, parten para la misma conquista al mismo grito de:
¡Dios lo quiere!.
Esta fuerza superior y espiritual actúa misteriosamente en el seno de la sustancia concreta, y obliga al cristal a tomar su aspecto y sus características inmutables. Ella también es el eje, la energía generatriz y la voluntad geométrica. Y esta configuración, variable hasta el infinito, aunque siempre basada en la cruz, es la primera manifestación de la forma organizada, por condensación y corporeización de la luz, alma, espíritu o fuego. Gracias a su disposición entrecruzada, las telas de araña retienen los moscardones, y las redes aprisionan, sin lastimarlos, pájaros y mariposas, y gracias a ello, los lienzos se vuelven traslúcidos y las telas metálicas cortan las llamas y se oponen a la inflamación de los gases...Finalmente, en el espacio y en el tiempo, la inmensa cruz ideal divide los veinticuatro siglos del año cíclico y separa en cuatro grupos de edades a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis,
doce de los cuales cantan las alabanzas de Dios, mientras que los otros doce gimen sobre la decadencia del hombre.¡Cuántas verdades insospechadas permanecen escondidas en este simple signo que los cristianos renuevan cada día por sí mismos, sin comprender siempre su sentido ni su virtud escondida! «Pues la palabra de la cruz es una locura para quienes se pierden, mas para quienes se salvan, es decir para nosotros, es el instrumento del poder de Dios. Por esto está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los sabios. ¿Qué se ha hecho de los sabios? ¿Qué de los doctores de la ley? ¿Qué de esos espíritus curiosos por las ciencias de este siglo? ¿Acaso Dios no ha convencido de que es locura la sabiduría de este mundo?» ¿Cuántos saben más que el asno que vio nacer, en Belén, al humilde Niño Dios, que lo transportó en triunfo a Jerusalén y que recibió, como recuerdo del Rey de Reyes, la magnífica
cruz negra que lleva en el espinazo?
Fulcanelli.
lunes, 31 de julio de 2017
domingo, 9 de julio de 2017
El simbolismo del tejido
EL SIMBOLISMO DEL TEJIDO
Hay un simbolismo que se refiere directamente a lo que acabamos de exponer, aunque a veces se haga de él una aplicación que, a primera vista, puede parecer que se aparta un poco de esto: en las doctrinas orientales, a los libros tradicionales se les designa frecuentemente por términos que, en su sentido literal, se refieren al tejido. Así, en sánscrito, sûtra significa «hilo»: un libro puede estar formado por un conjunto de sûtras, como un tejido está formado por un ensamblaje de hilos; tantra tiene también el sentido de «hilo» y el de «tejido», y designa más especialmente la «urdimbre» de un tejido. Del mismo modo, en chino, king es la «urdimbre» de una tela, y wei es su «trama»; la primera de estas dos palabras designa al mismo tiempo un libro fundamental, y la segunda designa sus comentarios. Esta distinción de la «urdimbre» y de la «trama» en el conjunto de las escrituras tradicionales corresponde, según la terminología hindú, a la de la Shruti, que es el fruto de la inspiración directa, y a la de la Smiriti, que es el producto de la reflexión que se ejerce sobre los datos de la Shruti.
Para comprender bien la significación de este simbolismo, es menester destacar primeramente que la urdimbre, formada de hilos tendidos sobre el telar, representa el elemento inmutable y principial, mientras que los hilos de la trama, que pasan entre los de la urdimbre por el vaivén de la lanzadera, representan el elemento variable y contingente, es decir, las aplicaciones del principio a tales o cuales condiciones particulares. Por otra parte, si se considera un hilo de la urdimbre y un hilo de la trama, uno se apercibe inmediatamente de que su reunión forma la cruz, de la que son respectivamente la línea vertical y la línea horizontal; y todo punto del tejido, siendo así el punto de encuentro de dos hilos perpendiculares entre ellos, es por eso mismo el centro de una tal cruz. Ahora bien, según lo que hemos visto en cuanto al simbolismo general de la cruz, la línea vertical representa lo que une entre ellos todos los estados de un ser o todos los grados de la Existencia, puesto que liga todos sus puntos correspondientes, mientras que la línea horizontal representa el desarrollo de uno de esos estados o de uno de esos grados. Si referimos esto a lo que indicábamos hace un momento, se puede decir, como lo hemos hecho precedentemente, que el sentido horizontal figurará por ejemplo el estado humano, y que el sentido vertical lo que es transcendente en relación a este estado; este carácter transcendente es en efecto el de la Shruti, que es esencialmente «no humana», mientras que la Smiriti conlleva las aplicaciones al orden humano y es el producto del ejercicio de las facultades específicamente humanas.
Aquí podemos agregar otra precisión que hará sobresalir todavía la concordancia de diversos simbolismos, más estrechamente ligados entre ellos de lo que se podría suponer a primera vista: queremos hablar del aspecto bajo el cual la cruz simboliza la unión de los complementarios. Hemos visto que, bajo este aspecto, la línea vertical representa el principio activo o masculino (Purusha), y la línea horizontal el principio pasivo o femenino (Prakriti), y que toda manifestación se produce por la influencia «no actuante» del primero sobre el segundo. Ahora bien, por otro lado, la Shruti se asimila a la luz directa, figurada por el sol, y la Smiriti a la luz reflejada, figurada por la luna; pero, al mismo tiempo, el sol y la luna, en casi todas las tradiciones, simbolizan también respectivamente el principio masculino y el principio femenino de la manifestación universal.
El simbolismo del tejido no se aplica solo a las escrituras tradicionales; se emplea también para representar el mundo, o más exactamente el conjunto de todos los mundos, es decir, de los estados o de los grados, en multitud indefinida, que constituyen la Existencia universal. Así, en las Upanishads, el Supremo Brahma se designa como «Eso sobre lo cual los mundos están tejidos, como urdimbre y trama», o por otras fórmulas similares; la urdimbre y la trama tienen, naturalmente, aquí también, las mismas significaciones respectivas que acabamos de definir. Por otra parte, según la doctrina taoísta, todos los seres están sometidos a la alternancia continua de los estados de vida y de muerte (condensación y disipación, vicisitudes del yang y del yin); y los comentadores llaman a esta alternancia «el vaivén de la lanzadera sobre el telar del tejer cósmico».
Por lo demás, hay en realidad tanta más relación entre estas dos aplicaciones de un mismo simbolismo cuanto que el Universo mismo, en algunas tradiciones, se simboliza a veces por un libro: a este propósito, recordaremos solo el Liber Mundi de los Rosa-Cruz, y también el símbolo bien conocido del Liber Vitae apocalíptico. Desde este punto de vista también, los hilos de la urdimbre, por los que son ligados los puntos que se corresponden en todos los estados, constituyen el Libro sagrado por excelencia, que es el prototipo (o más bien el arquetipo) de todas las escrituras tradicionales, y del que éstas no son más que expresiones en lenguaje humano; los hilos de la trama, de los que cada uno es el desarrollo de los acontecimientos en un cierto estado, constituyen su «comentario», en el sentido de que dan las aplicaciones relativas a los diferentes estados; todos los acontecimientos, considerados en la simultaneidad de lo «intemporal», están inscritos así en este Libro, del que cada uno es por así decir un carácter, que se identifica por otra parte a un punto del tejido. Sobre este simbolismo del libro, citaremos también un resumen de la enseñanza de Mohyiddin ibn Arabi: «El Universo es un inmenso libro; los caracteres de este libro son todos escritos, en principio, con la misma tinta y son transcritos en la Tabla eterna por la pluma divina; todos son transcritos simultáneamente e indivisibles; por ello es por lo que los fenómenos esenciales divinos ocultos en el “secreto de los secretos” tomaron el nombre de “letras transcendentes”. Y estas mismas letras transcendentes, es decir, todas las criaturas, después de haber sido condensadas virtualmente en la omnisciencia divina, son descendidas, por el soplo divino, a las líneas inferiores, y han compuesto y formado el Universo manifestado».
Otra forma del simbolismo del tejido, que se encuentra también en la tradición hindú, es la imagen de la araña tejiendo su tela, imagen que es tanto más exacta cuanto que la araña forma esta tela de su propia sustancia. En razón de la forma circular de la tela, que es por lo demás el esquema plano del esferoide cosmogónico, es decir, de la esfera no cerrada a la que ya hemos hecho alusión, la urdimbre está representada aquí por los hilos que irradian alrededor del centro, y la trama por los hilos dispuestos en circunferencias concéntricas. Para volver de ahí a la figura ordinaria del tejido, no hay más que considerar el centro como indefinidamente alejado, de tal suerte que los radios devienen paralelos, según la dirección vertical, mientras que las circunferencias concéntricas devienen rectas perpendiculares a estos radios, es decir, horizontales.
En resumen, se puede decir que la urdimbre, son los principios que ligan entre ellos todos los mundos o todos los estados, puesto que cada uno de sus hilos liga los puntos que se corresponden en esos diferentes estados, y que la trama, son los conjuntos de acontecimientos que se producen en cada uno de los mundos, de suerte que cada hilo de esta trama es, como ya lo hemos dicho, el desarrollo de los acontecimientos en un mundo determinado. Desde otro punto de vista, se puede decir también que la manifestación de un ser en un cierto estado de existencia está, como todo acontecimiento cualquiera que sea, determinada por el encuentro de un hilo de la urdimbre con un hilo de la trama. Cada hilo de urdimbre es entonces un ser considerado en su naturaleza esencial, que, en tanto que proyección directa del «Sí mismo» principial, constituye el lazo de todos sus estados, manteniendo su unidad propia a través de su indefinida multiplicidad. En este caso, el hilo de la trama al que este hilo de la urdimbre encuentra en un cierto punto corresponde a un estado definido de existencia, y su intersección determina las relaciones de ese ser, en cuanto a su manifestación en ese estado, con el medio cósmico en el que se sitúa bajo esta relación. La naturaleza individual de un ser humano por ejemplo, es la resultante del encuentro de estos dos hilos; en otros términos, siempre habrá lugar a distinguir en ella dos tipos de elementos, que deberán referirse respectivamente al sentido vertical y al sentido horizontal: los primeros expresan lo que pertenece en propiedad al ser considerado, mientras que los segundos provienen de las condiciones del medio.
Agregamos que los hilos de los que está formado el «tejido del mundo» se designan también, en otro símbolo equivalente, como los «cabellos de Shiva»; se podría decir que son en cierto modo las «líneas de fuerza» del Universo manifestado, y que las direcciones del espacio son su representación en el orden corporal. Se ve sin esfuerzo de cuantas aplicaciones diversas son susceptibles todas estas consideraciones; pero aquí solo hemos querido indicar la significación esencial de este simbolismo del tejido, que es, parece, muy poco conocido en occidente.
René Guènon, El simbolismo de la cruz.
Hay un simbolismo que se refiere directamente a lo que acabamos de exponer, aunque a veces se haga de él una aplicación que, a primera vista, puede parecer que se aparta un poco de esto: en las doctrinas orientales, a los libros tradicionales se les designa frecuentemente por términos que, en su sentido literal, se refieren al tejido. Así, en sánscrito, sûtra significa «hilo»: un libro puede estar formado por un conjunto de sûtras, como un tejido está formado por un ensamblaje de hilos; tantra tiene también el sentido de «hilo» y el de «tejido», y designa más especialmente la «urdimbre» de un tejido. Del mismo modo, en chino, king es la «urdimbre» de una tela, y wei es su «trama»; la primera de estas dos palabras designa al mismo tiempo un libro fundamental, y la segunda designa sus comentarios. Esta distinción de la «urdimbre» y de la «trama» en el conjunto de las escrituras tradicionales corresponde, según la terminología hindú, a la de la Shruti, que es el fruto de la inspiración directa, y a la de la Smiriti, que es el producto de la reflexión que se ejerce sobre los datos de la Shruti.
Para comprender bien la significación de este simbolismo, es menester destacar primeramente que la urdimbre, formada de hilos tendidos sobre el telar, representa el elemento inmutable y principial, mientras que los hilos de la trama, que pasan entre los de la urdimbre por el vaivén de la lanzadera, representan el elemento variable y contingente, es decir, las aplicaciones del principio a tales o cuales condiciones particulares. Por otra parte, si se considera un hilo de la urdimbre y un hilo de la trama, uno se apercibe inmediatamente de que su reunión forma la cruz, de la que son respectivamente la línea vertical y la línea horizontal; y todo punto del tejido, siendo así el punto de encuentro de dos hilos perpendiculares entre ellos, es por eso mismo el centro de una tal cruz. Ahora bien, según lo que hemos visto en cuanto al simbolismo general de la cruz, la línea vertical representa lo que une entre ellos todos los estados de un ser o todos los grados de la Existencia, puesto que liga todos sus puntos correspondientes, mientras que la línea horizontal representa el desarrollo de uno de esos estados o de uno de esos grados. Si referimos esto a lo que indicábamos hace un momento, se puede decir, como lo hemos hecho precedentemente, que el sentido horizontal figurará por ejemplo el estado humano, y que el sentido vertical lo que es transcendente en relación a este estado; este carácter transcendente es en efecto el de la Shruti, que es esencialmente «no humana», mientras que la Smiriti conlleva las aplicaciones al orden humano y es el producto del ejercicio de las facultades específicamente humanas.
Aquí podemos agregar otra precisión que hará sobresalir todavía la concordancia de diversos simbolismos, más estrechamente ligados entre ellos de lo que se podría suponer a primera vista: queremos hablar del aspecto bajo el cual la cruz simboliza la unión de los complementarios. Hemos visto que, bajo este aspecto, la línea vertical representa el principio activo o masculino (Purusha), y la línea horizontal el principio pasivo o femenino (Prakriti), y que toda manifestación se produce por la influencia «no actuante» del primero sobre el segundo. Ahora bien, por otro lado, la Shruti se asimila a la luz directa, figurada por el sol, y la Smiriti a la luz reflejada, figurada por la luna; pero, al mismo tiempo, el sol y la luna, en casi todas las tradiciones, simbolizan también respectivamente el principio masculino y el principio femenino de la manifestación universal.
El simbolismo del tejido no se aplica solo a las escrituras tradicionales; se emplea también para representar el mundo, o más exactamente el conjunto de todos los mundos, es decir, de los estados o de los grados, en multitud indefinida, que constituyen la Existencia universal. Así, en las Upanishads, el Supremo Brahma se designa como «Eso sobre lo cual los mundos están tejidos, como urdimbre y trama», o por otras fórmulas similares; la urdimbre y la trama tienen, naturalmente, aquí también, las mismas significaciones respectivas que acabamos de definir. Por otra parte, según la doctrina taoísta, todos los seres están sometidos a la alternancia continua de los estados de vida y de muerte (condensación y disipación, vicisitudes del yang y del yin); y los comentadores llaman a esta alternancia «el vaivén de la lanzadera sobre el telar del tejer cósmico».
Por lo demás, hay en realidad tanta más relación entre estas dos aplicaciones de un mismo simbolismo cuanto que el Universo mismo, en algunas tradiciones, se simboliza a veces por un libro: a este propósito, recordaremos solo el Liber Mundi de los Rosa-Cruz, y también el símbolo bien conocido del Liber Vitae apocalíptico. Desde este punto de vista también, los hilos de la urdimbre, por los que son ligados los puntos que se corresponden en todos los estados, constituyen el Libro sagrado por excelencia, que es el prototipo (o más bien el arquetipo) de todas las escrituras tradicionales, y del que éstas no son más que expresiones en lenguaje humano; los hilos de la trama, de los que cada uno es el desarrollo de los acontecimientos en un cierto estado, constituyen su «comentario», en el sentido de que dan las aplicaciones relativas a los diferentes estados; todos los acontecimientos, considerados en la simultaneidad de lo «intemporal», están inscritos así en este Libro, del que cada uno es por así decir un carácter, que se identifica por otra parte a un punto del tejido. Sobre este simbolismo del libro, citaremos también un resumen de la enseñanza de Mohyiddin ibn Arabi: «El Universo es un inmenso libro; los caracteres de este libro son todos escritos, en principio, con la misma tinta y son transcritos en la Tabla eterna por la pluma divina; todos son transcritos simultáneamente e indivisibles; por ello es por lo que los fenómenos esenciales divinos ocultos en el “secreto de los secretos” tomaron el nombre de “letras transcendentes”. Y estas mismas letras transcendentes, es decir, todas las criaturas, después de haber sido condensadas virtualmente en la omnisciencia divina, son descendidas, por el soplo divino, a las líneas inferiores, y han compuesto y formado el Universo manifestado».
Otra forma del simbolismo del tejido, que se encuentra también en la tradición hindú, es la imagen de la araña tejiendo su tela, imagen que es tanto más exacta cuanto que la araña forma esta tela de su propia sustancia. En razón de la forma circular de la tela, que es por lo demás el esquema plano del esferoide cosmogónico, es decir, de la esfera no cerrada a la que ya hemos hecho alusión, la urdimbre está representada aquí por los hilos que irradian alrededor del centro, y la trama por los hilos dispuestos en circunferencias concéntricas. Para volver de ahí a la figura ordinaria del tejido, no hay más que considerar el centro como indefinidamente alejado, de tal suerte que los radios devienen paralelos, según la dirección vertical, mientras que las circunferencias concéntricas devienen rectas perpendiculares a estos radios, es decir, horizontales.
En resumen, se puede decir que la urdimbre, son los principios que ligan entre ellos todos los mundos o todos los estados, puesto que cada uno de sus hilos liga los puntos que se corresponden en esos diferentes estados, y que la trama, son los conjuntos de acontecimientos que se producen en cada uno de los mundos, de suerte que cada hilo de esta trama es, como ya lo hemos dicho, el desarrollo de los acontecimientos en un mundo determinado. Desde otro punto de vista, se puede decir también que la manifestación de un ser en un cierto estado de existencia está, como todo acontecimiento cualquiera que sea, determinada por el encuentro de un hilo de la urdimbre con un hilo de la trama. Cada hilo de urdimbre es entonces un ser considerado en su naturaleza esencial, que, en tanto que proyección directa del «Sí mismo» principial, constituye el lazo de todos sus estados, manteniendo su unidad propia a través de su indefinida multiplicidad. En este caso, el hilo de la trama al que este hilo de la urdimbre encuentra en un cierto punto corresponde a un estado definido de existencia, y su intersección determina las relaciones de ese ser, en cuanto a su manifestación en ese estado, con el medio cósmico en el que se sitúa bajo esta relación. La naturaleza individual de un ser humano por ejemplo, es la resultante del encuentro de estos dos hilos; en otros términos, siempre habrá lugar a distinguir en ella dos tipos de elementos, que deberán referirse respectivamente al sentido vertical y al sentido horizontal: los primeros expresan lo que pertenece en propiedad al ser considerado, mientras que los segundos provienen de las condiciones del medio.
Agregamos que los hilos de los que está formado el «tejido del mundo» se designan también, en otro símbolo equivalente, como los «cabellos de Shiva»; se podría decir que son en cierto modo las «líneas de fuerza» del Universo manifestado, y que las direcciones del espacio son su representación en el orden corporal. Se ve sin esfuerzo de cuantas aplicaciones diversas son susceptibles todas estas consideraciones; pero aquí solo hemos querido indicar la significación esencial de este simbolismo del tejido, que es, parece, muy poco conocido en occidente.
René Guènon, El simbolismo de la cruz.
viernes, 7 de julio de 2017
El lobo estepario
Cuando pasaba por la biblioteca, me encontré con un joven profesor, con quien en otro tiempo hablaba alguna vez, al cual, en mi última estancia en esta ciudad hace algunos años, había llegado hasta a visitar en su casa para conversar con él acerca de mitologías orientales, materia a la que me dedicaba entonces bastante. El erudito venía en dirección opuesta, tieso y algo miope, y sólo me conoció cuando estaba a punto de pasar a mi lado. Se lanzó hacia mí con gran efusión, y yo, en mi estado deplorable, se lo agradecí casi. Se había alegrado y se animó, me recordó detalles de aquellas nuestras conversaciones, aseguró que debía mucho a mis estímulos y que había pensado con frecuencia en mí; rara vez había vuelto a tener controversias tan emotivas y fecundas con colegas. Me preguntó desde cuándo estaba en la ciudad (mentí: desde hacía pocos días) y por qué no lo había buscado. Miré al hombre amable a su buena cara de sabio, hallaba la escena verdaderamente ridícula, pero saboreé la migaja de calor, el sorbo de afecto, el bocado de reconocimiento. Emocionado abría la boca el lobo estepario Harry, en el seco gaznate le fluía la baba; se apoderó de él, en contra de su voluntad, el sentimentalismo. Sí; salí del paso, pues, engañándolo bonitamente y diciéndole que sólo estaba allí por una corta temporada, y que no me encontraba muy bien; de otro modo ya lo habría visitado, naturalmente. Y cuando entonces me invitó, afectuoso,a pasar aquella velada con él, acepté agradecido, le rogué que saludara a su señora, y a todo esto, por la vivacidad de las palabras y sonrisas, me dolían las mejillas que ya no estaban acostumbradas a estos esfuerzos. Y en tanto que yo, Harry Haller, estaba allí en medio de la calle, sorprendido y adulado, azorado y cortés, sonriendo al hombre amable y mirando su rostro bueno y miope, a mi lado el otro Harry abría la boca también, estaba haciendo muecas y pensando qué clase de compañero tan particular, absurdo e hipócrita era yo, que aun dos minutos antes había estado furioso rechinando los dientes contra todo el maldito mundo, y ahora, a la primera excitación, al primer cándido saludo de un honrado hombre de bien, asentía a todo y me revolcaba como un lechón en el goce de un poquito de afecto, consideración y amabilidad. De este modo, se hallaban allí, frente al profesor, los dos Harrys, ambas figuras extraordinariamente antipáticas, burlándose uno del otro, observándose mutuamente y escupiéndose al rostro y planteándose, como siempre en tales situaciones, una vez más la cuestión: si esto era sencillamente estulticia y flaqueza humanas, determinación general de la humanidad, o si este egoísmo sentimental, esta falta de caracter, esta impureza y contradicción de los sentimientos era solamente una especialidad personal y loboestepariesca. Si la vileza era genérica de la humanidad, ¡ah!, entonces mi desprecio del mundo podía desatarse con pujanza renovada; si era solamente flaqueza personal mía, se me presentaba motivo para una orgía del autodesprecio.
Hermann Hesse.
Hermann Hesse.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)