miércoles, 29 de marzo de 2017
Las moradas filosofales
"Empezaba a quedarme dormido a la sombra, nos dice, cuando percibí en el aire un pájaro maravilloso que planeaba sobre mi cabeza; se sostenía por un movimiento tan ligero y tan imperceptible que dudé varias veces si se trataba de un pequeño universo balanceado por su propio centro. Descendió poco a poco, y, finalmente se acercó tanto a mí que mis ojos solazados quedaron completamente colmados de su imagen. Su cola parecía verde, su estómago, de un azul esmaltado, sus alas encarnadas, y su cabeza de púrpura hacía brillar, al agitarse, una corona de oro cuyos rayos brotaban de sus ojos. Voló durante mucho tiempo en la nube, y yo permanecía tan atento a todo lo que estaba sucediendo, que mi alma parecía replegada y concentrada tan sólo en la operación de ver, sin escuchar, sin poder oír que el pájaro hablaba mientras cantaba. No obstante, saliendo poco a poco de mi éxtasis, pude distinguir claramente las sílabas, las palabras y el discurso que articulaba. He aquí pues, tal como lo recuerdo, los términos con los que tejió su canción:
"Sois extranjero, silbó el pájaro muy amigablemente, y nacisteis en un Mundo del que yo soy originario. Esta propensión secreta que nos hace conmover por nuestros compatriotas, es el instinto que me impulsa a querer que sepáis mi vida...
"Veo que estáis ansioso por saber quien soy. Soy aquél que entre vosotros llamáis Fénix. En cada mundo sólo hay uno a la vez, que habita en él durante un periodo de cien años, pues transcurrido un siglo, cuando sobre alguna montaña de Arabia ha puesto un gran huevo entre los carbones de su hoguera, para la que ha escogido ramas de aloe, de canela y de incienso, levanta su vuelo y se dirige hacia el Sol, la patria hacia la que su corazón ha aspirado durante mucho tiempo. Ya antes había realizado grandes esfuerzos para este viaje, pero la pesadez de su huevo, cuyas cáscaras son tan espesas que es necesario un siglo para empollarlo, retrasó siempre su empresa.
De Cyrano Bergerac, El Otro Mundo.
lunes, 20 de marzo de 2017
Textos presocráticos
Heráclito
Fragmentos
I
Sexto Empírico, Adversus mathematicos, VII, 132
Aunque este Logos existe siempre, los hombres son incapaces de comprenderlo, lo mismo antes de oír hablar de él que después que han oído hablar de él la primera vez. En efecto, aun sucediendo todas las cosas según este Logos, parecen no tener ninguna experiencia de él, aunque reconocen por experiencia palabras y hechos como los que yo expongo, cuando distingo cada cosa según su naturaleza y explico como es.
Pero a los demás hombres, tanto les pasan desapercibidas cuantas cosas hacen de dormidos, como les pasan inadvertidas cuantas hacen despiertos.
II
Sexto Empírico, Adversus mathematicos, VII, 133
Por consiguiente es necesario seguir lo que es común. Pero, siendo el Logos común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular.
III
Aecio, II, 21, 4
El sol tiene el tamaño de un pie humano.
IV
Alberto Magno, De Vegetabilus, VI, 401
Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas.
XVIII
Clemente, Stromateis, II, 17, 4
Si uno no espera lo inesperado, no lo encontrará, que es difícil de encontrar e inaccesible.
XX
Clemente, Stromateis, III, 14, 1
Una vez nacidos quieren vivir y tener su muerte, o, más aún, descansar, y dejan hijos para producir nuevas muertes.
XXVI
Clemente, Stromateis, IV, 141, 2
El hombre enciende una luz para sí mismo en la noche, cuando cierra sus ojos muriendo [a esta vida], pero mientras está vivo, al dormir, con sus ojos cerrados parece un muerto, y estando despierto parece dormido.
XXIX
Clemente, Stromateis, V, 59, 4
Hay una sola cosa que los mejores prefieren a todas las demás: la gloria eterna a lo que es perecedero. Pero la mayoría se harta como las bestias.
XXX
Clemente, Stromateis, V, 104, 2
Este mundo, el mismo para todos los seres, no fue creado por hombres ni por dioses, sino que fue, es y será fuego siemprevivo, que se enciende con medida y se apaga con medida.
LVII
Hipólito, Refutatio, IX, 10, 2
Maestro de la mayoría fue Hesíodo. Creen que sabía muchísimas cosas; él, que no sabía distinguir el día de la noche. En efecto, una sola cosa son.
Fragmentos
I
Sexto Empírico, Adversus mathematicos, VII, 132
Aunque este Logos existe siempre, los hombres son incapaces de comprenderlo, lo mismo antes de oír hablar de él que después que han oído hablar de él la primera vez. En efecto, aun sucediendo todas las cosas según este Logos, parecen no tener ninguna experiencia de él, aunque reconocen por experiencia palabras y hechos como los que yo expongo, cuando distingo cada cosa según su naturaleza y explico como es.
Pero a los demás hombres, tanto les pasan desapercibidas cuantas cosas hacen de dormidos, como les pasan inadvertidas cuantas hacen despiertos.
II
Sexto Empírico, Adversus mathematicos, VII, 133
Por consiguiente es necesario seguir lo que es común. Pero, siendo el Logos común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular.
III
Aecio, II, 21, 4
El sol tiene el tamaño de un pie humano.
IV
Alberto Magno, De Vegetabilus, VI, 401
Si la felicidad residiera en los placeres del cuerpo, proclamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran para comer arvejas amargas.
XVIII
Clemente, Stromateis, II, 17, 4
Si uno no espera lo inesperado, no lo encontrará, que es difícil de encontrar e inaccesible.
XX
Clemente, Stromateis, III, 14, 1
Una vez nacidos quieren vivir y tener su muerte, o, más aún, descansar, y dejan hijos para producir nuevas muertes.
XXVI
Clemente, Stromateis, IV, 141, 2
El hombre enciende una luz para sí mismo en la noche, cuando cierra sus ojos muriendo [a esta vida], pero mientras está vivo, al dormir, con sus ojos cerrados parece un muerto, y estando despierto parece dormido.
XXIX
Clemente, Stromateis, V, 59, 4
Hay una sola cosa que los mejores prefieren a todas las demás: la gloria eterna a lo que es perecedero. Pero la mayoría se harta como las bestias.
XXX
Clemente, Stromateis, V, 104, 2
Este mundo, el mismo para todos los seres, no fue creado por hombres ni por dioses, sino que fue, es y será fuego siemprevivo, que se enciende con medida y se apaga con medida.
LVII
Hipólito, Refutatio, IX, 10, 2
Maestro de la mayoría fue Hesíodo. Creen que sabía muchísimas cosas; él, que no sabía distinguir el día de la noche. En efecto, una sola cosa son.
domingo, 12 de marzo de 2017
Todo animal trabaja de acuerdo a su constitución
Todo animal trabaja de acuerdo a su constitución. Un animal trabaja más, otro menos, pero todos trabajan tanto como le es natural a cada uno. Nosotros también trabajamos; entre nosotros, unos son más capaces para trabajar, otros menos. Quienquiera que trabaje como buey es inútil y quienquiera que no trabaje es igualmente inútil. El valor del trabajo no reside en la cantidad sino en la calidad. Por desgracia, debo decir que no toda nuestra gente trabaja lo suficientemente bien en lo que respecta a calidad. Sin embargo, ojalá que el trabajo que han hecho hasta ahora les sirva de remordimiento. Si sirve como causa de remordimiento, será útil, si no, no sirve para nada.
Todo animal, como ya se ha dicho, trabaja de acuerdo con la clase de animal que es. Cierto animal -digamos, un gusano- trabaja sólo mecánicamente, no se puede esperar más de él. No tiene otro cerebro que el mecánico. Otro animal trabaja y se mueve únicamente por el sentimiento, tal es la estructura de su cerebro. Un tercero percibe el movimiento, que es llamado trabajo, sólo a través del intelecto y no se puede exigir nada más de él, ya que no tiene otro cerebro; no puede esperarse nada más, puesto que la naturaleza lo creó con esta clase de cerebro.
Así pues, la calidad del trabajo depende del cerebro que haya en él. Cuando consideramos las diferentes clases de animales, encontramos que hay animales unicerebrales, bicerebrales y tricerebrales. El hombre es un animal tricerebral. Pero a menudo sucede que aquel que tiene tres cerebros debe trabajar, digamos, cinco veces más que el que tiene dos cerebros. El hombre ha sido creado de tal manera que se exige más trabajo de él de lo que puede producir según su constitución. No es culpa del hombre, sino culpa de la naturaleza. El trabajo tendrá valor sólo cuando un hombre dé hasta el límite de su posibilidad. Normalmente, en el trabajo del hombre se necesita la participación del sentimiento y del pensamiento. Si falla una de estas funciones, la calidad de su trabajo estará en el mismo nivel de quien trabaja con dos cerebros. Si un hombre quiere trabajar como hombre, debe aprender a trabajar como hombre. Es fácil precisar esto -tan fácil como distinguir un animal y un hombre- y pronto aprenderemos a verlo. (...)
Digo que hasta ahora ustedes no han estado trabajando como hombres; pero existe una posibilidad de aprender a trabajar como hombres. Trabajar como un hombre significa que un hombre siente lo que hace, y piensa por qué y para qué lo hace, cómo lo está haciendo ahora, cómo debería haberlo hecho ayer y cómo hoy, cómo tendría que hacerlo mañana y cómo en general es mejor hacerlo -y si hay una forma mejor. Si un hombre trabaja correctamente logrará hacer su trabajo cada vez mejor. Pero cuando una criatura bicerebral trabaja, no hay diferencia alguna entre su trabajo de ayer, de hoy y de mañana.
(...) Cada uno debe trabajar para sí mismo, ya que otros no pueden hacer nada por él. Si uno puede hacer, digamos, un cigarro como un hombre, uno ya sabe cómo hacer una alfombra. Al hombre le es dado todo el aparato necesario para hacer cualquier cosa. Todo hombre puede hacer cualquier cosa que otros pueden hacer. Si uno puede, todos pueden. El genio, el talento, todo eso es un disparate. El secreto es bien sencillo; hacer las cosas como un hombre. Quien puede pensar y hacer las cosas como un hombre, puede, de inmediato, hacer igualmente bien una cosa como otro que la ha estado haciendo durante toda su vida, pero no como hombre. Lo que uno ha tenido que aprender durante diez años, otro lo aprende en dos o tres días y, entonces, lo hace mejor que aquel que pasó su vida haciéndolo. He conocido gente que, antes de aprender, trabajaron toda su vida pero no como hombres; pero, cuando aprendieron, fácilmente podían hacer tanto el trabajo más fino como el más burdo, trabajo que nunca antes habían visto siquiera. El secreto es pequeño y muy fácil: uno debe aprender a trabajar como un hombre. Y esto sucede cuando un hombre hace una cosa y, al mismo tiempo, piensa en lo que está haciendo y estudia cómo debería hacerse y mientras lo hace, se olvida de todo: de su abuela, su abuelo y de su cena.
G.I.Gurdjieff, Perspectivas desde el mundo real, Prieure, 17 de enero, 1923.
Todo animal, como ya se ha dicho, trabaja de acuerdo con la clase de animal que es. Cierto animal -digamos, un gusano- trabaja sólo mecánicamente, no se puede esperar más de él. No tiene otro cerebro que el mecánico. Otro animal trabaja y se mueve únicamente por el sentimiento, tal es la estructura de su cerebro. Un tercero percibe el movimiento, que es llamado trabajo, sólo a través del intelecto y no se puede exigir nada más de él, ya que no tiene otro cerebro; no puede esperarse nada más, puesto que la naturaleza lo creó con esta clase de cerebro.
Así pues, la calidad del trabajo depende del cerebro que haya en él. Cuando consideramos las diferentes clases de animales, encontramos que hay animales unicerebrales, bicerebrales y tricerebrales. El hombre es un animal tricerebral. Pero a menudo sucede que aquel que tiene tres cerebros debe trabajar, digamos, cinco veces más que el que tiene dos cerebros. El hombre ha sido creado de tal manera que se exige más trabajo de él de lo que puede producir según su constitución. No es culpa del hombre, sino culpa de la naturaleza. El trabajo tendrá valor sólo cuando un hombre dé hasta el límite de su posibilidad. Normalmente, en el trabajo del hombre se necesita la participación del sentimiento y del pensamiento. Si falla una de estas funciones, la calidad de su trabajo estará en el mismo nivel de quien trabaja con dos cerebros. Si un hombre quiere trabajar como hombre, debe aprender a trabajar como hombre. Es fácil precisar esto -tan fácil como distinguir un animal y un hombre- y pronto aprenderemos a verlo. (...)
Digo que hasta ahora ustedes no han estado trabajando como hombres; pero existe una posibilidad de aprender a trabajar como hombres. Trabajar como un hombre significa que un hombre siente lo que hace, y piensa por qué y para qué lo hace, cómo lo está haciendo ahora, cómo debería haberlo hecho ayer y cómo hoy, cómo tendría que hacerlo mañana y cómo en general es mejor hacerlo -y si hay una forma mejor. Si un hombre trabaja correctamente logrará hacer su trabajo cada vez mejor. Pero cuando una criatura bicerebral trabaja, no hay diferencia alguna entre su trabajo de ayer, de hoy y de mañana.
(...) Cada uno debe trabajar para sí mismo, ya que otros no pueden hacer nada por él. Si uno puede hacer, digamos, un cigarro como un hombre, uno ya sabe cómo hacer una alfombra. Al hombre le es dado todo el aparato necesario para hacer cualquier cosa. Todo hombre puede hacer cualquier cosa que otros pueden hacer. Si uno puede, todos pueden. El genio, el talento, todo eso es un disparate. El secreto es bien sencillo; hacer las cosas como un hombre. Quien puede pensar y hacer las cosas como un hombre, puede, de inmediato, hacer igualmente bien una cosa como otro que la ha estado haciendo durante toda su vida, pero no como hombre. Lo que uno ha tenido que aprender durante diez años, otro lo aprende en dos o tres días y, entonces, lo hace mejor que aquel que pasó su vida haciéndolo. He conocido gente que, antes de aprender, trabajaron toda su vida pero no como hombres; pero, cuando aprendieron, fácilmente podían hacer tanto el trabajo más fino como el más burdo, trabajo que nunca antes habían visto siquiera. El secreto es pequeño y muy fácil: uno debe aprender a trabajar como un hombre. Y esto sucede cuando un hombre hace una cosa y, al mismo tiempo, piensa en lo que está haciendo y estudia cómo debería hacerse y mientras lo hace, se olvida de todo: de su abuela, su abuelo y de su cena.
G.I.Gurdjieff, Perspectivas desde el mundo real, Prieure, 17 de enero, 1923.
lunes, 6 de marzo de 2017
El cielo en su conjunto representa un único hombre
59. El cielo representa un solo hombre. Aún esto es un misterio en el mundo, pero en los Cielos resulta algo evidente. Si careciesen del conocimiento de este principio común, habría un gran número de ideas que no entrarían en la mente de los ángeles. Sabiendo que todos los Cielos representan con el conjunto de sus sociedades un solo hombre,denominan al Cielo "el hombre inmenso u hombre divino". Es divino, ya que el soplo divino del Señor constituye el Cielo.
60. Las cosas celestes y espirituales están constituidas y conjuntadas en esta imagen del hombre. Todo aquel que no tenga una idea exacta de lo que es lo espiritual y lo celeste, no puede razonar correctamente acerca de las cosas. Algunos piensan que sólo la materia constituye al hombre, cuando en realidad es lo más superficial en él. El hombre es hombre no por estar constituido por materia, sino por su capacidad para comprender la verdad y desear el bien. Los cuerpos han sido conformados para estar al servicio de esta voluntad y para desarrollar ciertas tareas sobre la Tierra. El cuerpo no hace nada por sí mismo, sino que actúa mediante la voluntad. El intelecto y la voluntad actúan, no el cuerpo. De acuerdo a estas facultades, el hombre es espiritual. El Cielo, por eso y en ese sentido, puede compararse a un hombre, en la forma más grande y más perfecta.
61. Los ángeles consideran al hombre desde el punto de vista espiritual, y en consecuencia,no atienden a aquello que el hombre hace a través del cuerpo, sino que se detienen a contemplar la voluntad que anima este cuerpo. Para ellos, esta voluntad es el hombre mismo.
62. Sin embargo, los ángeles no ven todo el Cielo bajo la forma de un hombre, ya que el Cielo en su conjunto no puede ser visto por ningún ángel. Únicamente el Señor tiene la visión completa, ya que puede ver todas las cosas en su interioridad y profundidad.
63. Al tener el Cielo una forma humana, es guiado por el Señor como un solo hombre, y por tanto, como una sola cosa. El hombre está conformado por una infinita cantidad de cosas diversas: miembros, órganos, vísceras, fibras, nervios, vasos sanguíneos; no obstante, cuando un hombre actúa, actúa como es: una única entidad. Así ocurre en el Cielo bajo la guía y la dirección del Señor.
64. Aquellos que están en el Cielo constituyen una sola entidad, no por sí mismos, sino gracias al Señor, ya que lo consideran lo Único, Aquel del que todo procede y el reino que es preciso servir. Esto se encuentra claramente explicado en las palabras del Señor: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo el resto os será dado por añadiduría". (...)
65. Dado que el cielo representa un solo hombre, el hombre divino-espiritual en su forma más perfecta, de aquí resulta que -tal como ocurre con el hombre- el Cielo posee diferentes miembros, nombrados de diversas maneras. Los ángeles saben en qué miembros se encuentran las diferentes sociedades. En términos generales, el Cielo supremo o tercer Cielo, conforma la cabeza hasta el cuello; el Cielo intermedio o segundo Cielo, configura el tronco y llega hasta las rodillas, y el último o primer Cielo, conforma los pies y los brazos hasta los dedos. Esto explica, por qué existen tres Cielos.
66. Los espíritus que se encuentran fuera del Cielo se quedan estupefactos cuando se dan cuenta de que el Cielo se encuentra arriba y abajo, ya que creen -como los hombres en la Tierra- que el Cielo está sólo en lo alto. Evidentemente, no saben que la situación de los Cielos es semejante a la de los miembros, de los órganos y de las vísceras del hombre, que están repartidas por todo el cuerpo. De esta ignorancia se deriva la confusión de sus ideas.
Emanuel Swedenborg, Cielo e infierno.
60. Las cosas celestes y espirituales están constituidas y conjuntadas en esta imagen del hombre. Todo aquel que no tenga una idea exacta de lo que es lo espiritual y lo celeste, no puede razonar correctamente acerca de las cosas. Algunos piensan que sólo la materia constituye al hombre, cuando en realidad es lo más superficial en él. El hombre es hombre no por estar constituido por materia, sino por su capacidad para comprender la verdad y desear el bien. Los cuerpos han sido conformados para estar al servicio de esta voluntad y para desarrollar ciertas tareas sobre la Tierra. El cuerpo no hace nada por sí mismo, sino que actúa mediante la voluntad. El intelecto y la voluntad actúan, no el cuerpo. De acuerdo a estas facultades, el hombre es espiritual. El Cielo, por eso y en ese sentido, puede compararse a un hombre, en la forma más grande y más perfecta.
61. Los ángeles consideran al hombre desde el punto de vista espiritual, y en consecuencia,no atienden a aquello que el hombre hace a través del cuerpo, sino que se detienen a contemplar la voluntad que anima este cuerpo. Para ellos, esta voluntad es el hombre mismo.
62. Sin embargo, los ángeles no ven todo el Cielo bajo la forma de un hombre, ya que el Cielo en su conjunto no puede ser visto por ningún ángel. Únicamente el Señor tiene la visión completa, ya que puede ver todas las cosas en su interioridad y profundidad.
63. Al tener el Cielo una forma humana, es guiado por el Señor como un solo hombre, y por tanto, como una sola cosa. El hombre está conformado por una infinita cantidad de cosas diversas: miembros, órganos, vísceras, fibras, nervios, vasos sanguíneos; no obstante, cuando un hombre actúa, actúa como es: una única entidad. Así ocurre en el Cielo bajo la guía y la dirección del Señor.
64. Aquellos que están en el Cielo constituyen una sola entidad, no por sí mismos, sino gracias al Señor, ya que lo consideran lo Único, Aquel del que todo procede y el reino que es preciso servir. Esto se encuentra claramente explicado en las palabras del Señor: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo el resto os será dado por añadiduría". (...)
65. Dado que el cielo representa un solo hombre, el hombre divino-espiritual en su forma más perfecta, de aquí resulta que -tal como ocurre con el hombre- el Cielo posee diferentes miembros, nombrados de diversas maneras. Los ángeles saben en qué miembros se encuentran las diferentes sociedades. En términos generales, el Cielo supremo o tercer Cielo, conforma la cabeza hasta el cuello; el Cielo intermedio o segundo Cielo, configura el tronco y llega hasta las rodillas, y el último o primer Cielo, conforma los pies y los brazos hasta los dedos. Esto explica, por qué existen tres Cielos.
66. Los espíritus que se encuentran fuera del Cielo se quedan estupefactos cuando se dan cuenta de que el Cielo se encuentra arriba y abajo, ya que creen -como los hombres en la Tierra- que el Cielo está sólo en lo alto. Evidentemente, no saben que la situación de los Cielos es semejante a la de los miembros, de los órganos y de las vísceras del hombre, que están repartidas por todo el cuerpo. De esta ignorancia se deriva la confusión de sus ideas.
Emanuel Swedenborg, Cielo e infierno.
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