miércoles, 27 de diciembre de 2017

El salvador

No cesa de encarnar en forma humana,
de hablar a los piadosos y a los sordos,
de venir a nosotros y alejarse.

No cesa de tener que ascender solo,
de sufrir la aflicción de sus hermanos,
de ser crucificado cada día.

Siempre está pregonando que es Dios mismo,
cielo que baja al valle del pecado,
soplo eterno que en carne desemboca.

No cesa, ni siquiera en estos días,
de seguir su camino y bendecirnos,
de acoger con mirada bienhechora
nuestros miedos, preguntas, llantos y quejas,
mas su mirada sostener no osamos
porque solo los niños la toleran.

Hermann Hesse. Poesías.

martes, 26 de diciembre de 2017

Los dos ríos

Por lo tanto, hay dos direcciones en la vida de la humanidad: activa y pasiva. Las leyes son las mismas en todas partes. Estas dos leyes, estas dos corrientes, continuamente se encuentran, a veces cruzándose, a veces corriendo paralelas. Pero nunca se mezclan; se sostienen mutuamente, son indispensables la una para la otra.
Siempre fue así y así permanecerá.
Ahora bien, la vida de todos los hombres ordinarios, tomada en conjunto, se puede concebir como uno de estos ríos en el cual, cada vida, ya sea de un hombre o de cualquier otro ser viviente, está representada por una gota en el río, y el río en sí mismo es un eslabón en la cadena cósmica.
De acuerdo con las leyes cósmicas generales, el río fluye en una dirección determinada. Todas sus vueltas, todas sus curvas, todos estos cambios tienen un propósito definido. En este propósito, cada gota desempeña un papel en cuanto a que es parte del río, pero la ley del río como un todo no se extiende a las gotas individuales. Los cambios de posición, movimiento y dirección de las gotas son completamente accidentales. En un momento dado una gota está aquí, en el momento siguiente está allá; ahora está en la superficie, ahora se ha ido al fondo. Accidentalmente sube, accidentalmente choca con otra y desciende; ahora se mueve con rapidez, ahora lentamente. El que su vida sea fácil o difícil depende de donde se halla por casualidad. No hay ley individual para ella, ni destino personal. Sólo el río entero tiene un destino, que es común a todas las gotas. En esta corriente, toda pena y alegría personales, toda felicidad y sufrimiento personales, son accidentales.
Pero la gota tiene, en principio, una posibilidad de escapar de esta corriente general y saltar a la otra, la corriente vecina.
Esto también es una ley de la Naturaleza. Pero para esto, la gota debe saber como aprovechar shoks accidentales y el ímpetu del río entero para llegar a la superficie y estar más cerca de la orilla en aquellos lugares donde es más fácil saltar al otro lado. Debe elegir no sólo el lugar correcto, sino también el momento apropiado para hacer uso de vientos, corrientes y tormentas. Entonces la gota tiene una oportunidad de subir con la espuma y saltar al otro río.
A partir del momento en que pasa al otro río, la gota está en un mundo diferente, en una vida diferente, y por lo tanto está bajo leyes diferentes. En este segundo río existe una ley para las gotas individuales, la ley de la progresión alternante. Una gota sube a la superficie o se va al fondo, en este caso no por accidente sino por ley. Al llegar a la superficie, la gota se vuelve gradualmente más pesada y se hunde; en la profundidad, pierde peso y sube de nuevo. Flotar en la superficie es bueno para ella; estar en la profundidad es malo. Mucho depende aquí de la habilidad y del esfuerzo. En este segundo río hay diferentes corrientes, y es necesario meterse en la corriente adecuada. La gota debe estar en la superficie tanto tiempo como le sea posible, con el fin de prepararse para ganar la posibilidad de pasar a otra corriente, y así sucesivamente.
Pero nosotros estamos en el primer río. Mientras estemos en esta corriente pasiva, ésta nos llevará a dondequiera que vaya; mientras seamos pasivos, seremos empujados de un lado a otro y estaremos a merced de cualquier accidente. Somos los esclavos de estos accidentes.
Al mismo tiempo la Naturaleza nos ha dado la posibilidad de escapar de esta esclavitud. Por lo tanto, cuando hablamos de la libertad, hablamos precisamente de cruzar al otro río.
Pero por supuesto, esto no es tan simple; no se puede cruzar al otro lado simplemente con quererlo. Un fuerte deseo y una larga preparación son necesarios. Tendrán que vivir plenamente
sus identificaciones con todas las atracciones en el primer río. Deben morir a este río. Todas las religiones hablan acerca de esta muerte: "Sin morir no se puede renacer".
Esto no significa la muerte física. De esta muerte no hay necesidad de resucitar, porque si hay un alma, y es inmortal, puede subsistir sin el cuerpo, cuya pérdida llamamos muerte. Y la razón para resucitar no es para que aparezcamos ante Dios Nuestro Señor el Día del Juicio, como los padres de la Iglesia nos enseñan. No es así; Cristo y todos los demás hablaron de la muerte que puede acontecer en la vida, la muerte del tirano del cual proviene nuestra esclavitud, esa muerte que es una condición necesaria para la primera y principal liberación del hombre.
Si un hombre fuera privado de sus ilusiones y de todo lo que le impide ver la realidad -si fuera privado de sus intereses, sus preocupaciones, sus expectativas y esperanzas- todos sus esfuerzos se desmoronarían, todo se volvería vacío, y lo que quedaría sería un ser vacío, un cuerpo vacío, vivo sólo fisiológicamente.
Esto sería la muerte del "yo". la muerte de todo aquello en que consistía, la destrucción de todo lo falso recolectado a través de la ignorancia o la inexperiencia. Todo esto permanecerá en él meramente como material, pero sujeto a una selección. Entonces un hombre será capaz de elegir por sí mismo y de no permitir que los otros le impongan sus gustos. Podrá elegir conscientemente.
Esto es difícil. No, difícil no es la palabra. La palabra "imposible" también está equivocada porque, en principio, es posible; sólo que es mil veces más difícil que volverse multimillonario a través de un trabajo honrado.

Gurdjieff. Perspectivas desde el mundo real. Nueva York, 22 de febrero, 1924.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

La cábala hermética

El tiempo, que arruina y devora las obras humanas, no ha respetado el viejo lenguaje hermético. La indiferencia, la ignorancia y el olvido han colaborado con la acción disgregadora de los siglos. Sin embargo, no podría sostenerse que se ha perdido por completo; algunos iniciados conservan sus reglas, saben sacar partido de los recursos que ofrece en la transmisión de verdades secretas o lo emplean como clave mnemotécnica de enseñanza.
En el año 1843, los reclutas destinados al 46 regimiento de infantería, con guarnición en París, podían encontrarse cada semana, al cruzar el patio de la caserna de Luis Felipe, con un profesor poco común. Según un testigo ocular -uno de nuestros parientes, suboficial de la época y que seguía asiduamente sus lecciones-, se trataba de un hombre aún joven pero de aspecto descuidado, con largos cabellos cayendo en forma de bucles sobre sus hombros, y cuya fisionomía, muy expresiva, llevaba la impronta de una considerable inteligencia. Al anochecer, enseñaba a los militares que lo deseaban y mediante una pequeña retribución, la historia de Francia, empleando un método que, según él, había obtenido de la más alta antigüedad. En realidad, ese curso, tan seductor para sus auditores, estaba basado en la càbala fonética tradicional.
Algunos ejemplos, elegidos entre todos aquellos de los que hemos conservado la memoria, nos darán una idea del procedimiento.
Después de un corto preámbulo sobre una decena de signos convencionales destinados, por su forma y aspecto, a encontrar todos los datos históricos, el profesor trazaba en la pizarra negra un gráfico muy simple. Esta imagen, que se grababa fácilmente en la memoria, era, en cierto modo, el símbolo completo del reino estudiado.
(...)

La lengua de los pájaros es un idioma fonético basado únicamente en la asonancia. Así pues, en modo alguno es tenida en cuenta la ortografía, cuyo rigor mismo sirve de freno a los espíritus curiosos y hace inaceptable cualquier especulación realizada al margen de las reglas de la gramática."Tan sólo me acerco a las cosas útiles -dijo en el siglo VI San Gregorio, en una carta que sirve de prefacio a sus Morales-, sin ocuparme ni del estilo, ni del régimen de las proposiciones, ni de las desidencias, porque no es digno de un cristiano sujetar las palabras de la Escritura a las reglas de la gramática".

Nota:
La palabra cábala es una
deformación del griego καρβαν, que
chapurrea o habla una lengua bárbara, es decir, extranjera.

Fulcanelli. Las moradas filosofales.