sábado, 2 de septiembre de 2017

Religión e Iglesia

El ideal humanista no me merece más respeto que el religioso, y entre las religiones no daría a ninguna la preferencia. Por eso no podría pertenecer a una iglesia, porque falta en ellas la libertad y altura de espíritu, porque cada una se tiene por la mejor y única, y al que no pertenece a ella le considera descarriado.
El camino a las iglesias es fácil de encontrar; las puertas están abiertas de par en par, y tampoco falta propaganda.


Desde el momento en que el hombre intenta realizarse utilizando como medio los dones que le ha dado la naturaleza, hace lo máximo y lo único sensato que puede hacer.


No debes añorar una doctrina perfecta, sino la perfección de ti mismo. La divinidad está en ti, no en conceptos y en libros.


Ser piadoso no es otra cosa que confiar. Confianza tiene el hombre sencillo, sano, inofensivo: el niño, el salvaje.


Quien se dice no a sí mismo no puede decir sí a Dios.


Cabría comparar a Jesús a cualquier hombre que, rozado por una de las verdades mágicas, deja de separar pensamiento y vida, quedando así en medio de lo que le rodea y convirtiéndose en enemigo de todos.


Exigimos que la vida tenga sentido, pero tiene exactamente el sentido que nosotros somos capaces de darle. Como el individuo no es capaz de hacerlo sino de modo imperfecto, se ha intentado encontrar una respuesta consoladora en las religiones y en las filosofías.
Todas las respuestas conducen a lo mismo: la vida adquiere su sentido sólo a través del amor. Es decir: cuanto más capaces somos de amar y de entregarnos, tanto más sentido adquiere nuestra vida.


Si las Iglesias y los sacerdotes de Cristo fueran como él mismo, sobrarían los poetas.

Hermann Hesse, Lecturas para minutos.





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