Coge una cuchara, o cualquier objeto en la mano. Míralo. Cada forma tiene una correspondiente forma universal que se llama un arquetipo. Cada objeto tiene su
arquetipo. El universo debe haber existido con esa forma -al menos durante
un momento- para que esa forma exista. Y se puede penetrar esa forma.
Podemos ver el universo alterando rápidamente sus formas en una cabalgata infinita de formas. ¿Y por qué no infinita? El tiempo no existe. El universo no va a ningún sitio.
Una vez que el universo de adapta a una forma, existe ahora y para siempre. No se descompone. No decrece; es para todo el tiempo porque el tiempo no existe. El universo existe dentro de la eternidad.
En la eternidad el tiempo no fluye. Lo que denominamos la eternidad es un ahora eterno, un espacio eterno. Sólo existen eventos que ocurren. Estos dan la ilusión del tiempo. Pero el universo en conjunto existe como un único evento que ocurre para siempre.
El mundo eterno es igual al mundo relativo, excepto que en el primero el tiempo no fluye, sólo existen los eventos. En el mundo relativo, se miden los eventos, imponiéndoles un sentido de tiempo. Hablando técnicamente, el tiempo es la medición del movimiento. Cada intento de medir el tiempo que han hecho los seres humanos siempre ha sido en términos de movimiento de una clase u otra, de actividad de una clase u otra.
Deberíamos ser capaces de ver que cualquier objeto- digamos un vaso- es el universo envuelto en sí mismo. Se envolvió en sí mismo, pasó por sí mismo y empezó a existir de forma instantánea. Y ahora, aquí está- todo el universo-.
Cuando nuestra atención está de un modo, el vaso es simplemente un vaso, y no es el universo. Cuando nuestra atención está de otro modo, el vaso de hecho es un universo. Está dentro de sí mismo, y aparece más pequeño que su parte interior. ¿Cómo puede ser un zapato dos números más pequeño por fuera que por dentro?. De eso es de lo que trata todo esto. En un sentido muy real el macrocosmos y el microcosmos son lo mismo. No son diferentes.
La Creación no es un espejo, es la cosa en sí. En un sentido es como un indicador, un termómetro puesto para medir nuestra atención. Es un aparato de feedback que no tiene que ver con la biología.
E. J. Gold
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