viernes, 29 de junio de 2018

Capítulo VIII

Hablando de la creación del Universo, es necesario referirse a la noción de Eternidad, de la que se tiene generalmente una idea errónea. Habitualmente se representa a la Eternidad como una prolongación hasta el infinito en el Tiempo. Ahora bien, la Eternidad no es el Tiempo; es, diríamos, perpendicular al Tiempo. Por tanto no es infinita, sino limitada: la Tradición coloca juntos el fin de la Eternidad y el fin del Mundo. También se alaba a Dios en su estado pre-eterno. En la fiesta de Navidad se canta:

La Virgen, en ese día, engendra lo Pre-existente,
Y la Tierra-caverna a lo inaccesible,
Los Ángeles y los pastores cantan alabanzas,
Los Magos caminan con la Estrella,
Para nosotros ha nacido el pequeño jovencito/el Dios pre-eterno.
(Traducción del viejo eslavo).

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Dos de los tres principios fundamentales de la Creación, el Espacio y el Equilibrio, no implican en ellos mismos ningún riesgo para el Universo creado. No es lo mismo en lo que concierne al Tiempo. Principio dinámico que permite toda acción, incluida la creación y toda realización, conlleva como contrapartida la certeza de la aniquilación final de todo lo que ha sido creado. Sobre esto cabe recordar el mito de Cronos devorando a sus hijos.

Para paliar esta amenaza, la Sabiduría divina introdujo en la acción del Tiempo un dispositivo que evita la destrucción inmediata del mundo creado. Se trata de una de las dos leyes básicas cuyo principio, funcionamiento y efecto, estudiaremos en los capítulos siguientes. Por el momento será suficiente decir que, gracias a esta ley artificial, la marcha del Tiempo se encierra en ciclos, y de esta forma, se evita dentro de ciertos límites, sus efectos destructores. El Tiempo no trabaja según rectas; él"gira".
Los ciclos se vuelven a cerrar y se repiten. Gracias a esta acción cíclica, el Universo mismo y todos los elementos que lo componen, pueden durar. Cada elemento lo hace según su propio ciclo. Los Antiguos conocieron bien esta ley, su filosofía no admitía las lineas rectas; tenía por base el principio cíclico.

Boris Mouravieff. Libro primero.

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