lunes, 16 de julio de 2018

Poesías

Bendición

Bendice a este corazón que nace, a esta alma blanca
que ha conquistado para la tuya el beso del cielo; que
quiere a la luz del sol y le agrada extasiarse
en el rostro de su madre; que no ha aprendido todavía
a despreciar el polvo ni a desear el oro. Estréchalo
contra tu corazón y bendícelo.

Llegó a esta tierra de las cien encrucijadas. Y no
sé de qué manera te escogió a ti entre la multitud,
por qué llamó a tu puerta, como cogió tu mano para
preguntarte el camino. Te seguirá, riendo y hablando,
sin una sola duda en su corazón. Consérvale esta fe
en ti, guíale derechamente y bendícelo.

Pon tu mano sobre su cabecita y ruega por que,
aunque las olas aúllen amenazadoras, a sus pies, el
aliento del cielo venga a hinchar sus velas y le empuje
hacia el puerto de refugio... No lo olvides en
tus prisas, déjale acercarse a tu corazón y bendícelo.



La ofrenda

Hijo mío, vamos río abajo por la existencia. Nuestras
vidas tendrán que separarse y nuestro amor será
olvidado. ¿Qué podría darte yo para que no partieras?
Pero, ay, ¿seré tan estúpido que pretenda comprarte
el corazón con presentes?

Tu vida empieza; es largo el camino; de un sorbo
te bebes el amor que te damos y vuelves a escapar
de nuestro lado, corriendo... Tienes tus juegos y tus
amigos, y es natural que el Tiempo se te pase sin
pensar en nosotros.

Nuestra vejez, en cambio, ¡tiene tan poco que
hacer! ¡Disponemos de tantas horas para contar los
días que cayeron, y para amar en nuestro corazón
lo que para siempre se funde en nuestras manos! El
río, alegre, revienta las esclusas y se aleja cantando.
La montaña permanece y le recuerda, y le sigue con
su amor.

Rabindranath Tagore

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