Todos estos ejemplos de hombres que rompen con los ritos de la iniciación en los Misterios, o
de los magos que invocan espíritus más poderosos que ellos, representan igualmente, en una
forma alegórica, la posición de un hombre en relación con ideas nuevas que son demasiado
poderosas para él y que él no puede manejar porque no tiene la preparación qué se necesita.
La misma idea se expresa en las leyendas y cuentos del fuego sagrado que devoraba a los
iniciados que imprudentemente se acercaban a él, y en los mitos de dioses y diosas a quienes
no estaba permitido ver a los mortales, que perecían si se atrevían a verlos. La luz de ciertas
ideas es demasiado fuerte para los ojos de los hombres, especialmente cuando éstos la ven por
primera vez. Moisés no pudo mirar la zarza que ardía; en el Monte Sinaí no pudo ver la faz de
Dios. Todas estas alegorías expresan el mismo pensamiento, el del terrible poder y el peligro
de las ideas nuevas que aparecen inesperadamente.
El enigma de la Esfinge expresa la misma idea. La Esfinge devoraba a aquellos que se le
acercaban y no podían resolver el enigma. La alegoría de la Esfinge significa que hay
cuestiones de cierta clase que el hombre no debe plantearse a menos que sepa cómo
resolverlas.
Una vez que el hombre se ha puesto en contacto con ciertas ideas no puede vivir en adelante
como hasta ese momento lo ha hecho; debe, o bien seguir el curso que ha principiado, o
perecer bajo un cargo demasiado pesada para él.
La idea del superhombre está íntimamente conectada con el problema del tiempo y de la
eternidad, con el Enigma de la Esfinge. En esto estriban su atracción y su peligro; ésta es la
razón de por qué este problema afecta tan poderosamente el alma de los hombres.
Como antes hemos dicho, la moderna Psicología no se da cuenta del inmenso peligro de
ciertos temas, ideas y cuestiones. Aun en la filosofía primitiva, en que los hombres dividían a
las ideas en divinas y humanas, se entendía mejor la existencia de diferentes órdenes de ideas.
El pensamiento moderno no acepta esto de ninguna manera. Las modernas Psicología y
Teoría del Conocimiento no enseñan a los hombres a diferenciar los distintos órdenes de
ideas, ni les enseñan que algunas ideas son muy peligrosas y que no es posible acercarse a
ellas sin antes haber pasado por una larga y complicada preparación. Sucede esto porque la
Psicología moderna no toma generalmente en consideración la realidad de las ideas, porque
no entiende esta realidad. Para la mente moderna las ideas son abstracciones de los hechos;
ante nuestros ojos las ideas no tienen existencia propia. Esta es la razón por la que lastimamos
nuestra vista cuando nos acercamos a ciertas ideas. Para nosotros “los hechos”, que no
existen, son reales, y las ideas, que son lo único que existe, son irreales.
La Psicología antigua y la medieval entendieron mejor la posición de la mente humana en
relación con las ideas. Comprendían que la mente no podía tratar con las ideas en una forma
correcta en tanto que la realidad de ellas no le fuera clara. Y aún más, la antigua Psicología
entendía que la mente no podía recibir ideas de diferentes clases simultáneamente o no
obedeciendo al orden debido, es decir, que no podía pasar, sin la debida preparación, de las
ideas de un orden a las ideas de otro orden diferente. Comprendía el peligro de este
procedimiento irregular y desordenado de tratar con las ideas. Y ante esto, se plantea la
siguiente cuestión: ¿en qué debe consistir la preparación? ¿De qué hablan las alegorías de los
Misterios y de los ritos mágicos?
En primer lugar, estas alegorías hablan de la necesidad de un conocimiento adecuado para
cada clase de ideas, porque hay cosas a las que no es posible acercarse sin tener un
conocimiento previo.
En otros terrenos comprendemos esto perfectamente. Es imposible, sin un conocimiento
adecuado, manejar una máquina complicada; es imposible sin tener conocimientos y práctica
suficientes manejar una máquina de ferrocarril; es imposible sin conocer todos los detalles
tocar las distintas partes de una máquina eléctrica de alta potencia.
A una persona se le enseña una máquina eléctrica; se le explican sus partes, y se le dice: “Si
tocas ésta o aquélla parte, mueres”. Y todo el mundo entiende esto y se convence de que para
conocer la máquina es necesario aprender muchas cosas y durante mucho tiempo. Y todo el
mundo se convence también de que para conocer máquinas de distintas clases es necesario
obtener conocimientos diferentes, y de que el hecho de haber aprendido cómo manejar una
máquina no significa que se puedan manejar todas las clases de máquinas. Una idea es una
máquina de inmenso poder.
Pero es esto exactamente lo que el pensamiento moderno no comprende. Cada idea es una
máquina muy complicada y delicada. Para poder saber cómo manejarla, es necesario en
primer lugar poseer una gran cantidad de conocimientos teóricos y, además de esto, tener
mucha experiencia y haber tenido suficiente entrenamiento práctico. Un modo torpe de
manejar una idea puede producir la explosión de la idea; el fuego se inicia, la idea arde y
consume todo lo que se encuentra en su derredor.
Para el pensamiento moderno, todo el peligro consiste en un razonamiento equivocado, y no
va más allá. En realidad, sin embargo, todo el problema no termina aquí. Un error en el
razonamiento conduce a toda una serie de errores. Y algunas ideas son tan poderosas,
contienen tal cantidad de energía oculta, que tanto una deducción correcta como una
deducción errónea que se obtenga de ellas, producirá inevitablemente resultados enormes.
Hay ideas que llegan a las más recónditas regiones del alma de los hombres y que, una vez
que las han asimilado, dejan una huella imperecedera. Más aún, si la idea es tomada equivocadamente,
deja una huella equivocada, desvía al hombre de su camino y envenena su vida.
Una idea mal comprendida del superhombre actúa precisamente de este modo. Aleja al
hombre de la vida, siembra la discordia en su alma y, no dándole nada, le quita en cambio
todo lo que tenía.
Y esto no puede atribuirse a la idea misma, sino a la forma equivocada de acercarse a ella.
¿En qué debe consistir, por lo tanto, una forma correcta de acercarse a la idea?
Como la idea del superhombre tiene puntos de contacto con el problema del tiempo y con la
idea del infinito, no es posible tocar la idea del superhombre sin haber dilucidado los medios
de acercarse al problema del tiempo y a la idea del infinito. El problema del tiempo y la idea
del infinito contienen las leyes de la acción de la máquina.
Si el hombre no conoce estas leyes no puede saber cuál será el efecto que se producirá si
mueve una palanca u otra de la máquina.
El problema del tiempo es el enigma más grande con el que la humanidad ha tenido que
enfrentarse. La revelación religiosa, el pensamiento filosófico, la investigación científica y el
conocimiento oculto, todos convergen en un punto, esto es, en el problema del tiempo, y
todos llegan a una misma idea de él.
¡El tiempo no existe! No existen la aparición y la desaparición perpetuas y eternas de los
fenómenos, no existe la fuente de la que manan sin cesar los hechos que suceden y
desaparecen. ¡Todo existe siempre! Sólo hay un eterno presente, el Eterno Ahora, que la
raquítica y limitada mente humana no puede ni entender ni concebir.
Pero la idea del Eterno Ahora no es de ningún modo la idea de una fría y despiadada
predeterminación de todo, de una exacta e infalible pre-existencia.
Seria falso decir que si todo existe ya, que si el remoto futuro existe ahora, que si nuestras
acciones, pensamientos y sentimientos han existido por decenas, por cientos y por miles de
años y continuarán existiendo para siempre, esto significa que no hay vida, que no hay movimiento,
que no hay crecimiento, que no hay evolución.
Los hombres dicen y piensan esto porque no comprenden el infinito y quieren medir las
inconmensurables profundidades de la eternidad con sus raquíticas y limitadas mentes finitas.
Y por: supuesto que estarán condenados a llegar a las más inauditas de todas las soluciones
posibles del problema. Todo es, nada puede cambiar, todo existe de antemano y eternamente.
Todo se encuentra muerto e inalterable en formas congeladas entre las que camina nuestra
conciencia, que ha creado para si misma la ilusión de que todo se mueve a su alrededor, que
ha creado un movimiento que en realidad no existe.
Pero hasta un modo de pensar tan raquítico y relativo de la idea del infinito como la que tiene
la limitada inteligencia humana, con tal de que se desenvuelva dentro de los lineamientos
apropiados, basta para destruir “este sombrío fantasma de la inmovilidad irremediable”.
El mundo es un mundo de infinitas posibilidades.
Nuestra mente sigue el desarrollo de las posibilidades siempre en una sola dirección. Pero en
realidad todo momento tiene un gran número de posibilidades. Y todas ellas se realizan, sólo
que nosotros no lo vemos y no lo sabemos. Nosotros siempre vemos solamente una de las
realizaciones, y en esto estriba la pobreza y limitación de la mente humana. Pero si tratamos
de imaginamos la realización de todas las posibilidades del momento presente, luego del
momento siguiente, y así sucesivamente, sentiremos que el mundo crece infinitamente, se
multiplica sin cesar y se hace inmensamente rico y completamente diferente del mundo plano
y limitado que hasta este momento nos habíamos representado. Habiéndonos imaginado esta
infinita variedad sentiremos una “impresión” del infinito por un momento y comprenderemos
lo inadecuado e imposible que es acercarse al problema del tiempo con medidas terrestres.
Comprenderemos toda la infinita riqueza de tiempo en todas direcciones que es necesaria para
la realización de todas las posibilidades que aparecen a cada momento. Y comprenderemos
que la misma idea de que aparezcan y desaparezcan posibilidades es originada por la mente
humana, porque de otro modo estallaría y perecería al más pequeño contacto con la
realización infinita. Al mismo tiempo que lo anterior nos daremos cuenta de la irrealidad de
todas nuestras deducciones pesimistas en comparación con la inmensidad de los horizontes
descubiertos. Veremos que el mundo es tan ilimitadamente grande que la sola idea de que
pudiera tener límites, el solo pensamiento de que hubiera algo que no estuviera contenido en
él, nos parecería ridículo.
¿En dónde, entonces, debemos buscar una verdadera comprensión del “tiempo” y del
“infinito”? ¿En dónde debemos buscar esta extensión infinita en todas direcciones y en todo
momento? ¿Qué caminos nos conducen a ella? ¿Qué caminos nos conducen al futuro que
existe ahora? ¿Dónde podremos encontrar los métodos adecuados para tratar el problema?
¿Dónde podremos encontrar los métodos adecuados para tratar con la idea del superhombre?
Todas éstas son preguntas a las que el pensamiento moderno no da ninguna respuesta.
Y sin embargo el pensamiento humano no siempre se ha mostrado tan impotente ante estos
problemas. Han existido y hay actualmente otros intentos de resolver los enigmas de la vida.
La idea del superhombre pertenece al “círculo interior”. Las antiguas religiones y mitos
siempre representaban en la imagen del superhombre el “yo” superior del hombre, la
conciencia superior del hombre. Este “yo” superior, o conciencia superior, era representado
siempre como un ser casi separado del hombre ordinario pero, en cierto sentido, viviendo
dentro del hombre.
Piotr Demianovich Ouspensky. Un nuevo modelo del universo.
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