Cuando uno ha llegado a viejo
y ha cumplido su misión,
tiene derecho a enfrentarse apaciblemente
con la idea de la muerte.
No necesita de los hombres.
Los conoce y sabe bastante de ellos.
Lo que necesita es paz.
No está bien visitar a este hombre, hablarle,
hacerle sufrir con banalidades.
Es menester pasar de largo
delante de la puerta de su casa,
como si nadie viviera en ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario