Kien Wu le dijo un día a Lien Chu: "A Tsie Yu le he oído decir cosas desmesuradas y extravagantes...
-¡Qué ha dicho? -preguntó Lien Chu.
-Dice que en la lejana isla de Kuchán viven hombres transcendentes, blancos como la nieve y tiernos y dulces como niños, y que no comen alimentos sino que aspiran el aire y beben el rocío.
Dice que se pasean por los aires, que tienen las nubes por carro y los dragones por montura. Dice que por influjo de su transcendencia preservan de las enfermedades a los hombres y procuran la maduración de las cosechas. Es evidente que todo eso son locuras, de modo que no me he creído nada...
-El ciego -respondió Lien Chu- no ve las cosas porque no tiene visión, y el sordo no oye porque no tiene oído. No has comprendido a Tsie Yu porque no tienes inteligencia espiritual. Los hombres transcendentes de que habla existen y tienen virtudes incluso más extraordinarias que las que acabas de enumerar. Pero de enfermedades y de cosechas se ocupan tan poco que, aunque cayese en ruinas el imperio y todo el mundo les pidiese ayuda, no se tomarían la molestia, porque son indiferentes a todo.
El hombre Sobrehumano no es alcanzado por nada. Un diluvio universal no lo sumergiría. Una conflagración universal no lo consumiría, de tan elevado por encima de todo como está.
Sólo con emplear su parte más superficial, ya podrías modelar a varios Yao y varios Shun*. ¿y acaso ese hombre va a ocuparse de cosas menores como las cosechas o como el gobierno de un estado? ¡Claro que no!
* Shun era el ministro del emperador Yao, que abdicó en él tras convertirlo en yerno suyo.
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