sábado, 9 de enero de 2016
Gitanjali
I
Me hiciste inagotable, este ha sido tu placer. Has
apurado una y otra vez esta frágil copa, y vuelves a
llenarla siempre de vida fresca.
Te has llevado esta pequeña flauta de caña por
colinas y valles, y, a través de ella, tu soplo ha producido
melodías eternamente nuevas.
Al contacto inmortal de tus manos mi pobre corazón
rebasa los límites de la alegría y da a luz
efusiones inefables.
No tengo más que estas manos, tan pequeñas, para
guardar en ellas tus infinitos dones. Pasa el tiempo,
no cesas de verterlos, y siempre queda espacio por llenar.
II
Cuando me ordenas que cante, parece que mi corazón
tenga que estallar de orgullo; miro tu rostro
y los ojos se me anegan en lágrimas.
Toda la aspereza y la disonancia de mi vida se
funde en una armonía suave- y mi adoración extiende
sus alas como un pájaro dichoso cuando vuela mar
adentro.
Sé como te place mi canto. Y sé que sólo como
cantor puedo acudir a tu presencia.
Con la punta del ala extendida de mi canto alcanzo
tus pies, que jamás hubiera podido alcanzar.
Embriagado por la dicha de cantar, me olvido de
mí mismo y te llamo amigo, a ti que eres mi señor.
Rabindranath Tagore
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario