sábado, 20 de febrero de 2016

Soledad

Después de haber caminado cincuenta verstas por el camino real, entré por unos caminos de campo, más solitarios y propios a la lectura. Durante un tiempo fui vagando por los bosques; de cuando en cuando encontraba una aldea. Con frecuencia, me quedaba todo el día
en el bosque leyendo la Filocalía, en la que encontraba admirables y profundas enseñanzas. Mi corazón se inflamaba en deseos de unirse con Dios mediante la
oración interior, que yo me esforzaba en estudiar y descubrir en la Filocalía. Al mismo tiempo, estaba triste por no haber podido hallar un abrigo donde poder
entregarme a la lectura en paz y sin distracciones en otras cosas.
Por esa época, leía también mi Biblia y veía que empezaba a entenderla mejor;
encontraba en ella menos pasajes oscuros. Razón tienen los Padres al decir que la
Filocalía es la llave que descubre los misterios encerrados en las Escrituras.
Bajo su dirección, comencé a comprender el sentido oculto de la palabra de Dios;
descubrí lo que significan el hombre interior oculto en el corazón,la verdadera oración: la adoración en espíritu el Reino de Dios dentro de nosotros, la interseción del Espíritu Santo, entendí el sentido de estas palabras:
Vosotros estáis en mi, dame tu corazón, revestíos del Señor Jesucristo, los desposorios del Espíritu en nuestros corazones, la invocación: ¡Abba, Padre!, y otras muchas cosas. Cuando oraba en lo más profundo de mi corazón, todas las cosas que me rodeaban aparecíanme bajo un aspecto encantador: árboles, hierbas, aves, tierra, aire, luz, todas parecían decirme que existen para el hombre y que dan testimonio del amor de Dios. Así llegué a comprender aquello que la Filocalía llama "el conocimiento
del lenguaje de la creación", y veía cómo es posible conversar
con las criaturas de Dios.
El peregrino ruso, anónimo ?

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